Comenge posa con sus croquetas
Comenge posa con sus croquetas - isabel permuy

Cristina Comenge, la empresaria croquetera de la familia Barreiros

Hoy se casa su hermano Alberto y no faltará su producto estrella. «¡Cómo no va a haber croquetas!», dice. Es la continuadora de la saga

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Los fotógrafos del corazón se agolparon el sábado a las puertas de Valmayor, la finca familiar de la familia Comenge Barreiros. Allí tendrá lugar la boda de Alberto Comenge, uno de los «eternos solteros de oro» de nuestro país. Se desposa con la arquitecta Laila Cervelló y su familia pasó el viernes ultimando los detalles de un enlace que se espera sea más discreto que el que unió a su hermana Cristina con Diego Gómez-Monche.

La joven, apodada por muchos la «reina de las croquetas», se ha convertido en una de las principales proveedoras de este alimento. Tras cerrar Oven 180, el restaurante que abrió con su hermano, se ha centrado en conseguir la mejor croqueta de Madrid. Un año y medio después de arrancar con «Oído Cocina Gourmet» y tras arrastrar a su marido a esta aventura empresarial, Comenge saca una media de tres toneladas mensuales de croquetas.

Licenciada en Derecho por la Universidad Compolutense de Madrid, asegura que desde pequeña quería ser cocinera. «En casa me decían que me formara, y a mí no me importaba estudiar», explica. Sin embargo, cuando terminó la licenciatura, en lugar de volcarse en los fogones estudió un máster de Periodismo, alentada por Jesús Polanco, novio de su madre, Mari Luz Barreiros, durante más de dos décadas. «Siempre digo que si no hubiese tenido esa pasión por la cocina me habría dedicado al periodismo», asegura.

Pero entonces montó Oven 180 con su hermano como socio. «Estaba obsesionada con tener unas buenas croquetas, así que nos sentamos con el jefe de cocina para encontrar la receta y, cuando las probamos, dije ¡pero qué hemos hecho!». El sabor era tan bueno que «otros restaurantes y amigas» le empezaron a pedir croquetas para ellos. «Diego, mi marido, me animó a hacer algo más, cerramos el restaurante y nos pusimos a buscar cómo hacer croquetas artesanales».

Entonces comenzaron la andadura para poner en marcha lo que hoy se está convirtiendo en un pequeño «imperio croquetero». «Nos dedicamos a probar todas las croquetas precocinadas de España. Nos dimos cuenta que no había nadie que lo estuviese haciendo fenomenal cuando la croqueta es uno de los platos típicos de nuestro país. Cuando vimos que no había nada como lo que hacíamos, pues decidimos dedicarnos a ello», recuerda.

Ahora en su obrador producen siete tipos de croquetas diferentes. Desde las de jamón -«son las que más me piden»-, hasta puerro confitado, queso azul, chistorra o pollo al curry. Comenge asegura que «las croquetas se pueden hacer de casi todo», quizá por eso está obsesionada por encontrar la fórmula perfecta de la «croqueta de patata y trufa».

Quien quiera probarlas, en su página web las venden a un precio muy razonable -22 croquetas por nueve euros-. Decidieron vender a particulares «para no defraudar a los clientes más fieles de Oven 180». Por ello, asegura entre risas: «Muchísima gente me ha pedido ‘cocretas’ y me parece fenomenal. No solo ‘cocretas’, también me han pedido ‘cocletas’… He oído de todo. pero lo de “unas cocretitas”, miles de veces».

¿Comerían ‘cocretas’ los invitados a la boda de su hermano?