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El Juli: «Vivir es ahora mi mayor reto, tras conseguir ser lo que yo quería ser»

El torero madrileño presentó la biografía que ha escrito su hermano: «El Juli. Sin comillas»

Julián López (Madrid, 1982) lleva siendo un hombre desde que era niño pero tiene la misma cara (más cicatrices) que cuando a los 14 años indultó en México el novillo que le cambió la vida. Recibe en el Palace, el hotel en el que se viste cuando torea en Madrid. Como Luis Miguel Dominguín. «El día que maté seis toros me vestí en la misma habitación que él». Ignacio López (Madrid 1979), su hermano, ha escrito su biografía, «El Juli. Sin comillas» (Espasa).

-¿Sale el libro en el momento en que es usted El Jefe?

-Yo no me considero jefe. Sale en un momento en que me considero algo más importante. Ha habido muchos momentos en que he sido muy relevante en mi profesión pero no me sentía identificado como me siento ahora conmigo mismo.

-Tiene un pulso con Sevilla.

-No es un pulso. Cinco toreros decidimos mandar una carta a la propiedad de la plaza diciendo que no estábamos dispuestos a seguir con ese trato y no hemos recibido contestación. Después de cuatro puertas del Príncipe y la cornada más fuerte de mi vida, como comprenderás mi ilusión por torear en Sevilla es enorme.

-Además de tener de tener de referentes al Gallo y a Belmonte, admira mucho a José Tomás.

-Es el torero que ha devuelto a la sociedad la importancia de lo que significa jugarse la vida.

-Pero usted también se la juega.

-Todos los toreros se juegan la vida. Pero ha habido una época en la que parecía que no y eso hacía mucho daño porque la esencia del toreo es jugarse la vida.

-¿Cuál es la diferencia entre el miedo a torear y otros miedos? Me refiero al accidente de tráfico con su familia.

-Yo salgo a torear y sé que un toro me puede quitar la vida. Me monto en un coche y no pienso que me voy a matar. En el toreo la necesidad de expresar lo que sientes es tan grande que te lleva a jugarte más la vida por respeto al público, por respeto a tu persona. Yo no arriesgo con el coche. Lo que sí tuve fue un sentido de la responsabilidad y de la culpabilidad enorme.

- ¿Pero es verdad que no ha vuelto a subir al coche con sus hijos?

-En 2013. Pero en 2014 sí.

-¿Cómo lleva que la prensa se interese por su mujer, por sus hijos, por su vida privada?

-He mantenido una relación buena por encima de algunos errores pero creo que ahora es tranquila. Me ha costado alejarme de Madrid, hay cosas que me gustaría hacer pero no las hago porque sé que van a tener repercusión, que van a sacar a mi familia y estoy totalmente en contra.

- ¿Y a qué ha renunciado?

- Yo no llevo a mis hijos a muchos sitios porque creo que les pueden sacar fotos y no quiero que les saquen fotos a mis hijos. Pero me siento respetado.

-¿Está enemistado con el equipo médico de la Maestranza?

-No, al revés. Creo que mi actitud con ellos ha sido respetuosa y de agradecimiento al trabajo que hicieron, siendo conciente de la dificultad con la que yo entré en esa enfermería. Estoy dolido con la prensa que asimiló mi no asistencia a los premios con una falta de respeto. Es demagogia. Iba a ir. Pero nació mi hijo. Yo entiendo la paternidad como algo prioritario y lo entendieron. Me molesta bastante la polémica suscitada porque me parece que es manipulada y falsa.

-¿Qué retos le quedan?

-Vivir, creo que ese es el mayor reto. Ya he conseguido ser lo que yo quería ser y ahora lo que necesito es expresarlo, sentirlo, transmitirlo y que la gente lo viva conmigo. Devolver al mundo del torero lo que el toreo me ha dado a mí.

-¿Qué es eso del punto G del toreo? ¿Lo ha encontrado?

-Yo creo que el toreo tiene un momento que es el swing perfecto, el muletazo que lleva el toro por donde tú quieres a la velocidad que quieres. Hay algo que emocionalmente te surge y ese sería el punto G del toreo.

-¿Sigue cantando flamenco?

-Canto de vez en cuando pero soy muy vergonzoso.

-¿Es verdad que Borja Prado le enseñó a elegir camisas?

-Borja Prado es muy amigo mío y hemos tenido muchas experiencias. Es una persona relevante en mi vida, en muchos aspectos personales y profesionales y, bueno, también hemos comprado camisas.

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