la sobrina fotógrafa de gianni agnelli

Priscilla Rattazzi: «En el negocio de los Agnelli no hay lugar para las mujeres»

Dejó Italia huyendo de las Brigadas Rojas y triunfó en Estados Unidos como retratista de la «jet-set»

La vida de Priscilla Rattazzi (58 años) podría servir de inspiración para un guión de Hollywood. Nació en el seno de los Agnelli, la familia más poderosa de Italia; huyó de su país cuando solo era una adolescente y las Brigadas Rojas aterraban al «establishment» de Milán y Turín; fue pupila en Nueva York de la famosa editora de moda Diana Vreeland; se casó con Alex Ponti, hijo del productor de «Doctor Zhivago»; y se convirtió en una de las retratistas más deseadas por la «jet-set».

«Descubrí mi pasión por la fotografía con 16 años. Mi madre (la política y exministra Susanna Agnelli, hermana de Gianni) me regaló una cámara porque yo estaba obsesionada con la película ‘‘Blow Up’’ de Antonioni», explica Rattazzi a ABC desde su casa en la Gran Manzana. Y no ha parado de hacer fotografías, siempre en blanco y negro. «Es que todo el mundo se ve más guapo en blanco y negro», aclara.

Estudió fotografía en la exclusivísima y progresista Facultad de Bellas Artes de Sarah Lawrence (por donde también pasaron Yoko Ono, Barbara Walters o Carrie Fisher), trabajó como asistente del mítico fotógrafo japonés Hiro durante el incipiente «boom» de las supermodelos (Iman, Christie Brinkley) y, justo cuando comenzaba a ser muy deseada por el mundo de la moda, decidió apartarse del negocio para criar a sus hijos y hacer una fotografía «más auténtica y personal». «Diana Vreeland fue como una mentora para mí. El mejor consejo que me dio fue: ‘‘No dejes de trabajar nunca’’. Y nunca lo hice».

Pero nunca más volvió a adentrarse en la tripas del mundillo «fashion». «La moda es una industria para jóvenes. Ya no me interesa, es muy superficial y estoy vieja para ese negocio», se lamenta. «Es muy difícil trabajar con las celebrities y con toda la gente que las rodea. Cuando fotografié a Sofia Loren me obligó a enseñarle los negativos incluso antes de que yo los viera. Y destruyó todo el material que no le gustaba. Traté con muchas prima donna como ella, pero ahora no podría. Dejé de hacerlo porque es tedioso y te hacen sentir como una porquería», sentencia.

Familia de cine

Pese a que su padre era el conde italiano Urbano Rattazzi, su verdadera familia siempre fue la rama materna, dueños del imperio automotriz Fiat. Su tío, Gianni Agnelli, ocupa un lugar especial en la exposición retrospectiva que presenta ahora en la Galería Staley-Wise de Manhattan. «No lo fotografié muchas veces, pero esa es una gran imagen de él. Mi tío era muy divertido. Tenía un sentido del humor fantástico, muy irónico y sarcástico. Le gustaba hacer bromas y era inmensamente carismático», revela. Esa fotografía de Agnelli, que Rattazzi guardó en un cajón durante décadas, saltó a la fama en 2010 cuando un empresario la utilizó para vender camisetas en las calles de Roma. «Todo el mundo compraba esas camisetas con la foto de mi tío. ¡Sin mi autorización! Fue todo muy desagrabale», recuerda.

Rattazzi permanece ajena al negocio familiar y no calla sobre la razón detrás de esa decisión. «Soy mujer y mi familia dirige la empresa a la antigua. Ninguna de mis hermanas o primas trabaja en la Fiat porque en el negocio de los Agnelli no hay lugar para las mujeres. Es un negocio familiar solo para hombres, pero espero que cambie. Debería cambiar, pero no sé cómo...», dice. Su hermano, Cristiano Rattazzi, dirige el emporio automotriz en Sudamérica.

Priscilla habla de todo, incluso de cine, un arte que muchas veces se ha inspirado en las vicisitudes de su familia. El último intento fue «La gran belleza», de Paolo Sorrentino, en la que algunos críticos vieron ciertos guiños a los Agnelli. «Yo no veo ninguna similitud entre el filme y mi familia. Más bien es un guiño a los excesos de Italia en los años de Berlusconi». ¿«Il Cavaliere» ya es historia? «No lo creo. Siempre estará ahí, en la sombra. Hasta que muera». Palabra de Agnelli.

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