La dulce madurez de la presidenta andaluza
Díaz, el pasado 27 de enero ante la interparlamentaria del PSOE en Sevilla - RAUL DOBLADO
de la pasarela a la calle

La dulce madurez de la presidenta andaluza

Susana Díaz se ha convertido en la gran esperanza socialista para el futuro. ABC recupera su trayectoria en fotos

Actualizado:

Esta esperanza socialista de Triana, alta y con poderío, «ese peaso de mujé», que dirían los sevillanos, ha llegado a la cima de la política andaluza y no parece estar dispuesta a bajarse del carro. Traslada una imagen más fresca y más moderna que la de los que han estado durante casi 40 años en el Palacio de San Telmo. Socialista desde la universidad, con intensa actividad en el partido, ha sido concejal del Ayuntamiento de Sevilla, diputada y senadora por su provincia, consejera de Presidencia y secretaria general del PSOE andaluz, entre otros cargos. Desde septiembre, es la presidenta de la Junta de Andalucía. Su estilo y apariencia se han ido modificando a medida que ha ido subiendo escalones en su singladura hacia el poder. Política hasta la médula y excelente superviviente de naufragios varios, Susana Díaz Pacheco lleva años reciclando su estilo. A punto de cumplir los 40, lejos quedan esos años en que lucía el pelo moreno y corto, chaquetas sobredimensionadas y mezclas imposibles de colores.

Mayor sobriedad

Se maquillaba regular y no siempre elegía sus accesorios con tino. Más adelante, cultivó una imagen tipo «andaluza de faralaes», mezclando colores fuertes y estampados con una media melena rizada: una versión política y trianera de la Carmen de Bizet.

Pero Susana, que de tonta no tiene un pelo, al ser diputada y senadora en Madrid decidió ponerse al día: prendas monocolor en tonos básicos, lineas rectas, blanco y negro y un maquillaje más cuidado. Ya se sabe que vivir en «la capital» afina el colmillo. Fue añadiendo prendas fetiche como sus cazadoras ajustadas, usando tonos naturales y aprendiendo a conjugar todo con mayor sobriedad.

En su escalada hacia la Presidencia de la Junta de Andalucía durante el 2013, hizo gala de elegir colores que le favorecen, como el esmeralda y el rojo. Alargó su melena, cortándola a capas y dándole un giro muy rubio. Su maquillaje se tornó más natural, enfatizando ojos y dejando las barras de labios rojas atrás. En fin, se convirtió en otra. La nueva «ambición rubia», casada, no ha parado desde su nombramiento como presidenta de la Junta. En ocasiones lleva unos «tops» algo grandes, alguna chaqueta que no le queda bien o elige prendas que agrandan un físico generoso. Le aconsejaríamos camisas con escote en pico, evitar ropa demasiado amplia, potenciar el largo de sus piernas, utilizar más el negro y el esmeralda y seguir usando cazadoras rectas que la estilizan. Susana Díaz se debería sacar aún más partido. Representar a los andaluces –y quien sabe si algún día a más gente– bien merece el esfuerzo. En realidad, haga lo que haga, siempre encontrará críticas.

Así como Bachelet o Merkel no se dejan aconsejar en cuanto al vestir, políticas como Sarah Palin, se han puesto en manos de especialistas en la materia, para proyectar su imagen de la manera más adecuada. La presidenta andaluza, por edad y fisonomía, tiene unas enormes posibilidades siempre y cuando esté dispuesta a ceder a la femenina tentación de preguntarle al espejo «¿quién es la política más guapa?».