Pitita Ridruejo «A mucha gente no le conviene que llegue el Apocalipsis»
Pitita Ridruejo posando en uno de sus salones de su casa en el centro de Madrid - ángel de antonio
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Pitita Ridruejo «A mucha gente no le conviene que llegue el Apocalipsis»

La «socialité» nos recibe en su palacete y dice: «En España no se tiene ningún respeto a la fe»

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Pitita Ridruejo siempre recuerda que repitió el último curso del bachillerato «porque le tenía miedo a la vida». «Era la típica niña española, de colegio de monja y familia católica. Estudié en el Colegió de la Asunción, donde coincidí con la Reina Fabiola, aunque ella era mayor que yo», dice la coqueta socialité, un mito indiscutido de la «high class» vernácula. Recibe a ABC en su casa en el centro de la capital, unregio palacete con un sinfín de salones a la medida de ella y de su marido, el exembajador filipino José Manuel Stilianopoulus.

En el recibidor, una gran figura de la Virgen de la Esperanza Macarena nos anticipa que hablaremos de fe y misticismo. Pitita acaba de publicar un nuevo libro, «La Virgen María y sus apariciones» (Espasa), en el que repasa los orígenes de María y sus manifestaciones en la Tierra. Ella fue testigo de estos fenómenos y los documentó con su cámara Polaroid. Desde entonces, no le teme al futuro. «Mientras tenga a mi familia, soy feliz. Pero me preocupa el rumbo del mundo y las guerras», dice.

–¿Por qué este libro? ¿Por qué ahora?

–Me lo han pedido. Y dije que encantada con una condición: que fuera sobre la Virgen María. Llevo décadas estudiando sus apariciones. Antes de que viera la primera aparición, en los años 70, no sabía mucho sobre esto. Pero desde que vi lo que vi en El Escorial, mi vida ha cambiado.

–¿Qué le dijo su marido cuando le contó sobre las «apariciones marianas»?

–Me dijo: «No se lo digas a nadie, que van a pensar que estás loca».

–Entonces, ¿alguna vez se sintió discriminada por ser católica?

–Completamente. En este país la gente no tiene ningún respeto a lo que tú puedas creer. He dado muchas conferencias y hay que tener valor para hablar libremente sobre la fe. Lo que pasa es que a mucha gente no le conviene que llegue el Apocalipsis. Pero existe un Cielo y existe un Infierno, aunque a muchos no les guste.

–¿Qué me dice de la conversión de Tamara Falcó?

–Tamara es un sol. El otro día estuvo en casa. Era el día de mi santo. Yo me llamo Esperanza, como la Virgen de la Macarena. ¡Fíjate qué coincidencia! Me encanta Tamara porque tiene fe, que es el mayor milagro que nos puede ocurrir.

–Y, ¿le gusta el Papa Francisco?

–¡Qué pregunta más difícil! Para mí la Iglesia es algo tan sagrado que no me atrevo a decir nada sobre ella. Es fantástico, porque está preocupadísimo por los problemas auténticos, como la pobreza o la corrupción. Es un hombre de cambios.

–Hablando de cambios, ¿sabía que los nuevos embajadores de Estados Unidos y Francia son gays y han venido a España con sus respectivas parejas?

–¡Me lo habían contado y no me lo creía! Ahora en serio, no me meto en la vida de nadie. Aunque no lo veo muy claro... Pero si me invitan a una recepción, voy encantada (risas).

–Conoce bien a Imelda Marcos. ¿Es verdad su fetichismo por los zapatos caros?

–Creo que soy la única persona en el mundo que ama a Imelda. Es mentira que tuviera un fetichismo por los zapatos. Tenía zapatos como todo el mundo. Lo que coleccionaba eran aviones. A mí me hizo el favor más grande de mi vida: yo estaba embarazada y necesitaba volver a Madrid pero había una gran huelga en Filipinas. No podía salir del país. Acudí a ella y le pedí que me sacara. Y encontró la forma: me alistó en un avión rumbo a Singapur junto a una misión de soldados filipinos. ¡Encantadores todos los soldados! ¿Cómo no la voy a querer después de eso?

–Fue amiga de Diana de Gales. ¿Le gusta la Duquesa de Cambridge?

–No tiene nada que ver con Diana. La encuentro bien. El que me gusta mucho es el Príncipe Carlos. Eso de que tiene las orejas grandes es mentira, yo lo encontraba muy atractivo.

–¿Se considera frívola o profunda?

–Parece que vivo de fiesta, pero no es así. Me gusta la gente y soy muy fácil para pasarlo bien, pero frívola, no.