El cineasta luce orgulloso su reloj Carrera Calibre 1887 de Tag Heuer
El cineasta luce orgulloso su reloj Carrera Calibre 1887 de Tag Heuer - inés baucells
el domingazo

Rodrigo Cortés: «Empecé a hacer cine robando la cámara Super-8 de un amigo»

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Esto de haber nacido en Orense y estar dirigiendo antes de cumplir los 40 a Robert de Niro, Sigourney Weaver y Ryan Reynolds no le pasa a cualquiera. A Rodrigo Cortés le ha pasado porque nunca ha dejado que el miedo a lo imposible lo paralice. Ahora vuelve como productor de «Grand Piano», dirigida por Eugenio Mira y protagonizada por Elijah Wood, un thriller de relojería tan precisa como el Carrera Calibre 1887 de Tag Heuer que tanto el protagonista de la película como Cortés llevan obsesivamente en la muñeca.

Es un hermoso cronógrafo de manufactura automático, un gran dragón del tiempo. Ese tiempo que tanto obsesiona a Rodrigo Cortés: «En los rodajes siempre estoy mirando el reloj con un rostro muy mejorable, porque hay una cuenta atrás para cumplir objetivos, mi vida es una lucha contra el tiempo». Por lo demás le fascina «la posibilidad de medir mecánicamente algo tan intangible, me parece muy romántico».

Claro que no siempre está luchando contra el reloj. Por ejemplo se reserva un domingo al mes para irse al campo, a un terreno de unos amigos suyos por la Sierra Oeste de Madrid «a plantar y desplantar cosas, a cavar, a adquirir merecidas agujetas para el resto de la semana». Pero eso es sólo un domingo de cada cuatro. Los otros tres, o está trabajando o aprovecha para levantarse a media mañana.

Nada más despertar se ducha y se viste, ni se plantea andar por casa en pijama o albornoz, mucho menos desnudo. «Una vez me he duchado y me he vestido, siento que ya puedo afrontar cualquier cosa», afirma con convicción.

Rodajes en España

Lo normal es que todo esto pase en Madrid, pero también puede pillarle de viaje por cualquier parte del mundo, sobre todo en Barcelona. Allí se rodó «Buried» al cien por cien y «Red Lights» al 80 por ciento. En el caso de «Grand Piano», excepto tres días de exteriores que se filmaron en Chicago, la película está hecha en Tarrasa. En un plató egarense se reprodujo enteramente el Auditorio de Chicago donde transcurre toda la aventura de un pianista amenazado de muerte si falla una sola nota de un concierto casi imposible de tocar. «Al fin y al cabo el cine es el arte de la mentira», sonríe Rodrigo.

Apasionante este hombre. De aquí hasta aquí hay en sus ojos y en su voz algo distinto y tremendo. Pero ¿y lo mucho que se esfuerza en ser o en parecer un tipo normal? «De pequeño yo sabía que había directores de cine, como sabía que existían los astronautas, porque uno los ve por la tele, pero evidentemente no se puede ser astronauta… hasta que supongo que cruzas la línea imaginaria el suficiente número de veces como para desdibujarla, entonces con 16 años nos robamos la cámara Super-8 de un amigo, en el cine es bueno empezar robando…».

Vaya. ¿Es más fácil eso que conseguir financiación? «No es sólo por la financiación, por ejemplo Werner Herzog imparte cursos de cine, y una de las primeras lecciones que da a sus alumnos es cómo robar coches. Imagino que él considera que ser capaz de robar un coche te vuelve capaz de allanar cualquier obstáculo que se te ponga por delante».

Volviendo a sus domingos, los comparte básicamente con su mujer, Susana, con la que tiene «tres películas dirigidas en común, pero ningún hijo». Comen en casa y cocina Susana, admite Rodrigo un tanto compungido, aunque él compensa fregando cacharros y descolgándose ocasionalmente con una fideuá, «que me sale muy bien».

Cenar... ya les gusta cenar fuera, solos o con amigos, y casi siempre acaban en un cine. Rodrigo Cortés va al cine dos o tres veces por semana, pero ya nunca a ver películas suyas. «Antes sí, cuando nadie me conocía, ahora es que si te reconocen quedas como un idiota», casi se sonroja. De vuelta en casa, antes de acostarse (tarde) suelen caer uno o dos episodios de la serie de televisión de turno.

¿Es verdad que ahora el talento está en las series de televisión y no en el cine? Cruza sus ojos un leve pero perceptible relámpago. Y dice: «Como casi todas esas frases grabadas en mármol, esta esconde una simplificación enorme. No es cierto que haya más talento en la televisión. Hay más talento en HBO, que es aquello que la gente está dispuesta a pagar para no ver televisión. Es algo muy distinto. Lo que sí hay es mayor libertad para el creador. Tiene más margen para arriesgarse en cosas que en el cine cada vez más van quedando relegadas por la presión de lo convencional. Como director cada vez tienes que luchar más para que tu película transcurra por cauces no convencionales».