Durante la fiesta final en el palacio de Buckingham por el Jubileo de Diamantes de Isabel II, los Windsor coreografiaron a la perfección la voluntad de permanencia y continuidad de la dinastía: a pesar de que su marido, el Duque de Edimburgo, estaba enfermo, la Reina de Inglaterra aguantó varias horas de pop y rock y subió al escenario para escuchar atentamente al «portavoz» de la Familia Real en aquella velada musical: su hijo el Príncipe Carlos quien, a sus 64 años, espera –con impaciencia, según trascendía la semana pasada– su turno para reinar. La presencia de su primogénito, Guillermo, completaba el mensaje cuidadosamente empaquetado durante los meses de celebración jubilar: hay Windsor para rato.
El anuncio del embarazo culmina una temporada redonda para los Windsor
Los índices de popularidad de la Corona están en cifras históricas. Un contundente 73% prefiere la monarquía como forma de Estado. Y una encuesta de la empresa Ipsos Mori publicaba el mes pasado situaba al Duque de Cambridge como el miembro más querido de la Familia Real británica, con un apoyo del 62%, la más alta alcanzada por un Windsor desde 1984. El Príncipe de Gales, por su parte, no logra más que un 21%.
Hipotética subida al trono en los 2060
A pesar de la poca popularidad del «número 1» en la línea sucesoria, la solidez de la institución apunta a que Carlos, primero, y Guillermo después, seguirán los pasos de Isabel II. Si la soberana, a sus 86 años, sigue los longevos pasos de su madre, que murió a los 101, el Príncipe de Gales podría seguir en la sala de espera otros quince años. A partir de aquí, James Kirkup, de «The Times», se aventura a especular con una peculiar calculadora biológica.
Según el periodista, el Duque de Cambridge –nacido en 1982– vivirá de media 76 años, aunque sus condiciones de vida podrían estirarla hasta los 86, dice. Siempre que las leyes de la naturaleza no alteren la ecuación y se mantenga la forma de Estado en Gran Bretaña, el primogénito de los Duques de Cambridge accedería entonces al trono en los 2060 –en 2068 según los cálculos de Kirkup–, con más de 50 años –56 si se cumple su peculiar profecía–. Si aceptamos que la esperanza de vida para los nacidos hoy podrá acercarse al siglo, no es descabellado –aunque si aventurado, claro– afirmar que podríamos asistir en algún punto entre abril y junio del año que viene al nacimiento del tercer biznieto de Isabel II como primer rey del siglo XXII.
Solo España, Mónaco y Lichtenstein mantienen sus «leyes sálicas»
Proyecto de ley en camino
El viceprimer minisgro, el liberal Nick Clegg, aclaraba este martes de todas formas que el proyecto de ley para poner negro sobre blanco el consenso expresado en Perth ya está ultimado y listo para iniciar el trámite legislativo. Clegg es responsable dentro del Ejecutivo de coalición de las cuestiones constitucionales, y defiende esta modificación dentro de su visión de «modernización» del Estado británico. Los liberales no han logrado modificar el sistema de voto, rechazado por el 67% de los votantes en un referéndum en mayo de 2011, ni la composición de la Cámara de los Lores, debido al fuerte rechazo en las filas conservadoras.
Así que en ausencia de cambios en la forma de Estado y tragedias, el bebé que nazca el año que viene será rey o reina después de su abuelo, el Príncipe Carlos (63 años), y de su padre el Príncipe Guillermo (30). Así lo explicó el primer ministro entonces: «Si los Duques de Cambridge tienen una niña, esa niña será un día nuestra reina». Y, si hacemos caso a las casas de apuestas online, se llamará Elizabeth (Isabel), o Diana. Y Carlos si es varón.








