Ni playa ni montaña: piragüismo en el Duratón y un paseo entre murallas
Imagen de archivo de la vista de Sepúlveda, en Segovia - abc

Ni playa ni montaña: piragüismo en el Duratón y un paseo entre murallas

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Este verano puede estar cerca del agua, y no en una piscina ni en la playa. Para quienes quieren un plan alternativo, el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón ofrece uno interesante: piragüismo. Eso sí, tendrá que madrugar. Las rutas por la mañana salen en torno a las 10.30 horas. Desde entonces —y pagando unos 35 euros—, podrá adentrarse con guía incluido entre la piedra ahondada por el río durante miles de años. Es una ruta única que dura cerca de tres horas y en la que no todo lo que se observa es naturaleza. Sobre la piedra que bordea el río aún se pueden ver los restos de un monasterio del siglo XII o el Priorato de San Frutos, a 100 metros de altura.

Una vez terminada la ruta, puede acercarse hasta el cercano pueblo de Pedraza. Si el hambre se lo permite, puede pasar a visitar el recio castillo —sólo si va en sábado, los domingos cierra— antes de ir a comer al Corral de Joaquina, en la calle Iscar. La especialidad de la casa, el cochinillo y el cordero asado en horno de leña, sale tan tierno que prácticamente se deshace.

Pedraza, cuyos orígenes datan del siglo XI, se sitúa sobre un peñón y sus límites están marcados por murallas. En la única puerta de entrada al recinto se encuentra la cárcel, un recorrido recomendable si quiere huir del calor con una visita guiada. Después puede seguir el paseo por su calle Real, observar las casonas blasonadas o la plaza Mayor, todo ello declarado Conjunto Histórico en 1951.

La visita a Pedraza, no obstante, no lleva más de un par de horas. Por eso, puede desplazarse después hasta Sepúlveda y continuar así el recorrido por otro lugar fortificado. Con restos del castillo, las murallas y las siete puertas que albergó, Sepúlveda mantiene en gran medida su apariencia medieval. Eso sí, aunque llegó a tener hasta quince parroquias, hoy quedan menos de la mitad. La que más llama la atención es el templo de San Salvador, del siglo XI, en lo alto de la localidad: tiene un ábside y una galería porticada pese a lo temprano de su construcción. Antes de volverse, no dude en tomarse algo y disfrutar del paraje como en el restaurante terraza La Violeta, que con un mirador de 35 metros ofrece unas vistas privilegiadas sobre el paisaje.