Zarajos y caracoles no aptos para burgueses
Zarajos de Casa Amadeo - guillermo llona

Zarajos y caracoles no aptos para burgueses

Casa Amadeo lleva ofreciendo desde 1942 los platos más castizos en pleno Rastro madrileño

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«Vosotros no untáis en la salsa porque sois unos burgueses», nos espetó Amadeo desde el otro lado de la barra. Ante la denuncia me acobardé, y traicioné a mis amigos: «Yo si he untado pan», respondí. Era la primera vez que acudíamos al lugar, y desconocíamos la autoridad del anciano bajito que nos acusaba de menospreciar aquel caldo rojizo. Pero se podía intuir. Hablaba con la seguridad que dan los más de setenta años trabajados de sol a luna en Casa Amadeo-Los Caracoles, taberna fundada en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial.

Ante la denuncia me acobardé, y traicioné a mis amigosSe encuentra en la plaza de Cascorro, corazón del Rastro Madrileño, lugar mítico de la capital del Reino que todos los domingos invade una marea humana de la más diversa procedencia en busca de todo tipo de artículos, baratos o raros. Ahí ofrece Amadeo los caracoles bañados en la salsa de codillo y chorizo que tanta fama han dado a su tasca y que exhibe en la entrada en una gran marmita, como si de una poción de druida se tratase. El burgalés también sirve los bichos para llevar, a 19 euros el tarro de un kilo.

Moluscos de tierra aparte, la especialidad de la casa es el bacalao «¡rebozao, bien frito y bien desalao!» -según anuncia la pizarra- y la casquería, como los callos y los zarajos. Estos últimos son, junto con los caracoles, de lo más solicitado en Casa Amadeo. En esta taberna los zarajos, intestinos de cordero lechal enrollados en palos de sarmiento, se preparan fritos o cocinados en la famosa salsa roja. En mi opinión, los primeros están más ricos. Con todo, este templo también homenajea al mejor amigo del hombre: el cerdo. No faltan en la carta oreja, codillos, manitas, torreznos y chorizo.

Amadeo es uno de los atractivos del sitio. El burgalés, que lleva desde los diez años detrás de la barra, es muy amable, de trato cercano. Sabe transmitir el amor que siente por los productos que ofrece y la filosofía que estos encierran, propia de lugares duros, acaso fríos como su tierra, lugares donde su caldo reviviría a los muertos por congelación.

En el otro lado de la balanza, el espacio para los clientes, escaso, y los precios, algo abusivos. El zarajo cuesta 4'5 euros la unidad, y la ración «mixta» -de chorizo, morcilla, croquetas, bacalao rebozado y pimiento rojo- sale a 12 euros. El escándalo llegó con los torreznos: ¡cinco euros la media ración! Eso sí, todo está muy rico. Merece la pena visitar Casa Amadeo. Y mojar pan en su salsa mágica.