
Llueve sobre mojado
Una fuerte tormenta me sorprende mientras que trabajo en el campo de desplazados de Kibati. Son casi las cinco de la tarde. En pocos minutos el aguacero convierte el campamento en un lodazal. La gente se refugia en el interior de las tiendas, en el exterior no se ve ni un alma, solo el sonido del agua golpeando con fuerza el barro y la lava solidificada sobre el que se levanta el mar de tiendas que componen el campamento. A apenas dos kilómetros la línea del frente sigue activa. El miedo entre los desplazados está justificado, la posibilidad de un nuevo avance de los rebeldes convertiría Kibatí en la nueva línea del frente.
A mi derecha un mujer observa la tormenta como si de ella dependiera el devenir de su destino. Sin quererlo me pregunto cuantas veces habrá vivido este reloj de sangre que es el Congo. Mucho se ha escrito sobre los diamantes de sangre, el coltán y las oscuras guerras que se ocultan tras ellos pero sin embargo, el reloj de sangre que rige el destino del Congo sigue su propio ritmo. Sigue lloviendo, pero en esta ocasión, llueve sobre mojado.