Basura 2.0

Sigo a Isaiah mientras deambulan entre la basura del vertedero de Agbogbloshie. A sus trece años ya sabe lo que es trabajar doce horas para poder sobrevivir en un mundo que le ignora. Enfoco su única herramienta de trabajo,  una pequeña bolsa de nailon y sus manos desnudas con las que  rastrea  entre la chatarra en busca de cobre y aluminio

Agbogbloshie es un microcosmos dentro de Ghana, un barrio marginal, al que se puede llegar a pie desde el centro de Accra y que se ha convertido en uno de los principales basureros ilegales de basura electrónica del mundo. Unas tres mil personas, en su mayoría niños, trabajan a diario en el vertedero exponiéndose cada día a materiales tóxicos como el plomo o el cadmio.

A día de hoy reciclar un viejo ordenador siguiendo los protocolos medioambientales supone un coste elevado para las empresas, sin embargo, enviarlo a través de intermediarios a países como Ghana o Nigeria puede ser un verdadero negocio. A pesar de que existen convenios internacionales amparados por Naciones Unidas el movimiento transfronterizo de e-waste se ha disparado en los últimos años.

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