Javier EscartÃn
Entre un mar de interferencias y ruido, la dulce voz de Karina se impone sobre el cruce de las ondas para recordarnos aquello de que el amor puede llegar a ser como un festival de canciones. Asà es como arranca “La vida es un festival”, el programa radiofónico que VÃctor Escudero y Justin McCarthy graban semanalmente desde su casa de Madrid para hablar de la gran pasión de sus vidas. Ambos forman parte de un grupo muy numeroso y activo en las redes sociales, pero incomprendido e incluso ignorado entre la sociedad. Son los eurofans, personas para las que Eurovisión no se celebra una sola noche, sino los 365 dÃas del año. Ellos lo saben todo sobre el festival que cada año organiza la Unión Europea de Radiodifusión (UER): canciones, artistas, resultados, preselecciones, orientación de los votos entre los paÃses participantes… Son verdaderas enciclopedias humanas sobre este evento que cada año reúne a más de 150 millones de espectadores europeos en torno a la televisión.
“El programa arrancó hace varios años en una emisora local allá por el 1993. Lo que buscábamos con el programa era disfrutar del festival todo el año y transmitir esa emoción”, rememora VÃctor. “En 2009 la emisora cerró y durante dos años no estuvimos en las ondas. Pero durante ese tiempo, hubo mucha gente que nos pedÃa que volviéramos, que nos querÃan escuchar. Asà que un dÃa compramos un micrófono y un pequeño equipo de mezclas y asà surgió el podcast”
“La vida es un festival” es hoy en dÃa uno de los programas de radio online más descargados y su audiencia es, en su mayorÃa, gente muy joven. “Aunque arrastramos un público fiel desde hace muchos años, es cierto que ahora nos escucha sobre todo gente que se enganchó al festival a partir de 2002″, señala Justin. “Siempre hay puntos de inflexión donde el festival empieza a cobrar mucho mayor interés que en años anteriores, y en España se dio ese año gracias al éxito de ‘Operación Triunfo’”.
A pesar de la mala imagen que lastra al festival desde hace varias décadas, el “boom” tras la participación de Rosa en 2002 y el auge de internet han devuelto al festival el brillo de sus primeros años hasta convertirlo de nuevo en un espectáculo de masas. “Cuando yo era adolescente no conocÃa a nadie que le gustara el festival y sólo sabÃa de él en los dÃas previos a la gala gracias al teletexto. Precisamente allà un dÃa encontré un anuncio de una asociación de fans de Eurovisión, y asà pude contactar con VÃctor y otras personas que vivÃan lejos de Galicia, donde yo residÃa. A partir de ahà nos enviábamos cartas hablando sobre las canciones e incluso cassettes de artistas que habÃan participado. Cuando llegaba una carta a casa era lo mejor que podÃa pasar, me llenaba de felicidad. Ahora con internet las cosas son diferentes, porque ves que hay mucha gente que comparte esa misma emoción”, explica Oskar Riddare, otro de los colabores del programa de radio. “Eurovisión se ha hecho más humano gracias a internet. Al principio, te sorprendÃas de ver que existÃan páginas dedicadas al festival y de que no eras el único “loco” al que le gustaba el festival”, remata Alpio Aquilina, un maltés residente en España desde hace varios años. “Te dabas cuenta de que no estabas solo.”
Una buena prueba del éxito del festival en la red es eurovision-spain.com, una página web dedicada al evento musical que recibe miles de visitas cada dÃa. “El eurofan no es ninguna especie rara, o en peligro de extinción. Es gente normal, con su trabajo y vida corriente, que tiene una afición, en este caso Eurovisión”, explica José GarcÃa Hernández, uno de los subdirectores de la página y que acudirá este año por séptima vez consecutiva al festival. ”La mala imagen que tienen los españoles sobre el certamen es un problema de prejuicios. Se tiene Eurovisión como un festival añejo y pasado de moda cuando en realidad es todo lo contrario: el festival de música y el espectáculo televisivo más importante y con la tecnologÃa más innovadora del mundo”.
Los eurofans cuentan incluso con un club de fans oficial, cuya evolución demuestra también cómo el interés por el festival ha ido en aumento estos últimos años. “OGAE España se fundó en 1987 con apenas una veintena de socios. 25 años después, el club lo forman ahora 700 personas”, señala José Juan Santana, presidente de este club. “Los eurofans españoles formamos una de las delegaciones más numerosas que acuden cada año al festival. Lo normal es que unos doscientos nos desplacemos para vivir la locura del certamen. Estar una semana allà nos puede llegar a costar unos 1.200 euros, según dónde se celebre”.
“Declararte eurofan hoy en dÃa no está tan mal visto como en los años 80 o 90. La imagen del festival ha cambiado y ahora muchas de las canciones que participan acaban estando entre las más vendidas”, explica José Luis Ayllón, ayudante de José Luis Uribarri en las transmisiones de TVE durante muchos años. “Eurovisión es una ventana que te permite conocer música de otras culturas a la que no podrÃas acceder a través de los medios convencionales. Es un producto que funciona, y de ahà que cada año tenga tan buenos datos de audiencia. Eso quiere decir que hay muchos más eurofans de lo que la gente piensa, porque puede serlo cualquiera que disfrute viendo cada año el certamen”. Al fin y al cabo, la vida es un festival.
