ÉRIKA MONTAÑÉS / MADRID
ETA ha vivido, a lo largo de su historia, una sucesión de golpes que han logrado tambalear los cimientos de sus sanguinarias estructuras, aunque hasta el momento la banda terrorista ha demostrado ciertamente gran capacidad de recuperación. De esos hachazos asestados a las cabezas pensantes de la organización criminal, destacan la crisis de Bidart (1992) o la concatenación de operaciones que han descabezado a la cúpula etarra hasta en seis ocasiones en los últimos dos años. A continuación, hacemos un somero repaso por los más importantes reveses policiales y del Estado de Derecho contra la lacra del terrorismo en España:
Para el entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso, que se hacía eco de los análisis esbozados por la Policía francesa y las Fuerzas de Seguridad españolas, el mayor golpe a la reestructuración de ETA después de la «crisis de Bidart» se produjo el 3 de octubre de 2004.
(Foto: AP)
Para el entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso, el mayor golpe a la reestructuración de ETA después de la «crisis de Bidart» se produjo el 3 de octubre de 2004.
Cayeron Miguel Albizu Iriarte, «Mikel Antza», su pareja Soledad Iparagirre «Anboto», y 18 terroristas más, sorprendidos en el suroeste del país vecino. La trascendencia del golpe radicaba en que se asestaba un duro evés a las reservas de armas, explosivo y dinero que almacenaba la banda en cuatro depósitos. Alonso declaraba: «ETA vive momentos de debilidad que le impiden tener futuro político y social».
¿Cuál es la banda que queda? ABC se adelantaba a lo que se iba a fraguar en la cúpula etarra: Garikoitz Aspiazu Rubina, «Txeroki», se queda como cabecilla indiscutible, y se podría arremolinar una «nueva ETA», en manos de jóvenes inexpertos, que anteayer estaban en la «kale borroka», ya que quedaban solo dos veteranos como nexo de unión con la ETA «zarra (antigua)», «Josu Ternera» como responsable del «aparato político», y Juan Cruz Maiza, como jefe del «aparato logístico». Una ETA, se escribía al día después de la magna operación, «a la deriva, sin cerebro que marque la estrategia, de la banda en sí, y también de su brazo político en un momento trascendental para el mundo abertzale/nacionalista que se debate en torno al plan Ibarretxe». ABC añadía la advertencia de las Fuerzas de Seguridad: «No hay que bajar la guardia. ETA puede echar el resto».