ÉRIKA MONTAÑÉS / MADRID
ETA ha vivido, a lo largo de su historia, una sucesión de golpes que han logrado tambalear los cimientos de sus sanguinarias estructuras, aunque hasta el momento la banda terrorista ha demostrado ciertamente gran capacidad de recuperación. De esos hachazos asestados a las cabezas pensantes de la organización criminal, destacan la crisis de Bidart (1992) o la concatenación de operaciones que han descabezado a la cúpula etarra hasta en seis ocasiones en los últimos dos años. A continuación, hacemos un somero repaso por los más importantes reveses policiales y del Estado de Derecho contra la lacra del terrorismo en España:
Blanco, Ordóñez y Múgica. Tres apellidos luctuosamente conocidos y todos teñidos de sangre por orden de Francisco Javier García Gaztelu. Su primer alias, «Perretxico» (la seta que puebla los montes vascos), cuando todavía bebía de las fuentes del terrorismo callejero.
(Foto: ABC)
Blanco, Ordóñez y Múgica. Tres apellidos luctuosamente conocidos y todos teñidos de sangre por orden de Francisco Javier García Gaztelu. Su primer alias, «Perretxico» (la seta que puebla los montes vascos), cuando todavía bebía de las fuentes del terrorismo callejero.
Pero ese 22 de febrero de 2001, cuando fue detenido en la terraza de un restaurante de Anglet (en Francia), con documentación falsa y armado, ya era «Txapote». Había ascendido a la jefatura del «aparato militar» tras caer «Kantauri»e Iñaki de Rentería (septiembre de 2000), echándose a las espaldas la tregua. Él no estaba por la labor, así que tras la ruptura de ese periodo sin sangre (3 de diciembre de 1999), García Gaztelu fue quien ordenó a ETA que volviese a apretar el gatillo y pusiera más bombas.
La detención del pistolero más abyecto de ETA, un mes después, fue calificada por fuentes de la lucha antiterrorista como «muy importante», por cuanto conocía la composición de los comandos que atentaban en España y su arresto podía dar pistas importantes. La mayoría de los últimos grupos criminales desarticulados, como el «Andalucía», estaban a sus órdenes. Como nota para el recuerdo, su arresto se produjo pocas horas después de que laserpiente etarra asesinase en San Sebastián a dos trabajadores de la empresa Elektra.