Miguel Palacio trabajó junto con Fernando lemoniez hasta el año 2000 y si juntos lograron un gran éxito, la trayectoria en solitario del diseñador le ha situado como un referente d ela moda española dentro y fuera de nuetsro país. Sus colecciones se venden en las tiendas más selectas de Estados Unidos (como Barneys NY y Berdof Goodmann…), Japón, Hong-Kong y Kuwait.
- ¿Querrá hablar con nosotros?
- ¿Se ha abierto un procedimiento?
- No. Quizá no haya que iniciar ninguno. De hecho, es lo normal en casos como éste.
- Ya. ¿Y yo en calidad de qué voy a responder a sus preguntas?
- No tiene por qué hacerlo. Se trataría, en caso de que accediera, de una “colaboración voluntaria con las autoridades”.
- Hombre, voluntaria… Irrumpen aquí, en mi despacho en mitad de la mañana para interrogarme. Nada menos. Como si me pudiera negar. Qué quieren que les diga…
- Puede que hayamos elegido un mal momento. Está todo muy reciente. Si prefiere, puede llamarnos y hablamos en otra ocasión.
- No. Es igual. Hablemos ahora.
- ¿Está segura?
- Sí.
- ¿Cuánto tiempo llevaba trabajando aquí?
- Exactamente no lo sé. Creo que cerca de tres años.
- ¿Y todo ese tiempo en este despacho?
- Sí.
- ¿Hay alguien más?
- No. Estábamos solas.
- ¿La conocía bien?
- Aquí nadie la conocía bien. Al menos personalmente. Era muy hermética.
- ¿Seguro que no había nadie?
- Nadie. Sin duda. Yo lo hubiera sabido. Quiero decir que cualquiera lo hubiera sabido. Ella no pasaba precisamente inadvertida y si hubiese intimado con alguien se habría notado.
-Nos han contado que tenía una buena relación con los compañeros del despacho de al lado.
- ¿Se están entrevistando con toda la Facultad? Pues les va a llevar tiempo.
- ¿Y bien? ¿Tenían buena relación con ella?
- No lo creo. Con todo, me encantaría saber lo que pensaba ella.
- Se muestra usted un tanto rotunda teniendo en cuenta que habla de alguien tan hermético.
- Será así, pero apuesto a que “los de al lado”, que dicen que tenían buena relación con ella, no les han contado nada concreto. ¿Me equivoco?
- No. Pero ¿y usted?, al compartir despacho y asignatura durante casi tres años...
- Sí, compartíamos despacho y teníamos una relación correcta. Pero desde luego no éramos amigas. Jamás se abrió, ni me hizo la más mínima confidencia personal. En eso no fui ninguna excepción.
- ¿Le dio usted confianza en algún momento?
- Yo llevaba bastantes años aquí cuando ella llegó y, como compañera, traté de facilitarle la incorporación. Después me limité a respetar la distancia que ella interponía. Y tampoco es que yo venga aquí a hacer amigos.
- ¿Rechazó ella su ayuda?
- No de una forma ofensiva. Enseguida dio a entender que no la necesitaba.
- ¿Y por qué dice que ella no pasaba precisamente inadvertida?
- ¿Pero es que no han visto las fotos? Bueno, quizá ahí no se aprecie del todo.
Ella siempre iba muy elegante. Bueno al menos a mí me lo parecía. No descuidaba ningún detalle, no dejaba nada al azar. Siempre parecía que iba a recibir un premio. A muchos les parecía una excéntrica y quizá lo fuera. Pero bendita excentricidad en medio de este tedio estético que nos invade, ¿no creen?
- Y además de la ropa, ¿qué más la diferenciaba?
- Era rara. No se relacionaba con nadie. Venía aquí, impecable, envuelta en capas y con peinados imposibles, daba sus clases y se marchaba. Toda ella era una incognita: tan extrema y evidente en su apariencia y tan esquiva en el trato. Tal vez fuera su modo de hacernos ver que algo no iba bien.
- Entonces usted se esperaba lo ocurrido.
- De ninguna manera. Algo así no.
José Nuñez
SALA LANCIA – Sábado 20 de febrero, 21.00 horas.
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