Las víctimas de ETA muestran su «rabia y tristeza» ante el «paripé» de Bayona

Representantes de Covite y AVT sostienen que lo importante es que los terroristas se entreguen a la Justicia

BilbaoActualizado:

Este sábado, las autoridades españolas y francesas han añadido un nuevo capítulo a la lucha contra el terrorismo etarra. El acto de Bayona ha escenificado la entrega de armas de la banda, que ha dado a conocer la localización de ocho nuevos zulos. A pesar de todo, las víctimas no confían en la palabra de la organización terrorista, que, a su parecer, está repartiendo «propaganda» con el fin de «blanquear» su pasado criminal. Así lo afirma el agente de la Ertzaintza Josu Puelles, hermano del inspector de Policía Nacional asesinado Eduardo Puelles: «Lo principal no es que entreguen los arsenales –afirma–, sino que se entreguen ellos mismos, que se dejen de pistolitas y pasen por la Justicia para que sean juzgados con todas las garantías de nuestro Estado de Derecho».

A su juicio, el peligro de la banda criminal no radica ya en las armas que pueda tener, sino en el «arsenal ideológico» que ha hecho servir a lo largo de las últimas décadas en la Comunidad Autónoma vasca. Por ello, asegura que no habrá descanso para las víctimas hasta que los terroristas no «condenen su historia de terror y las ideas políticas» con las que intentaron legitimar 858 crímenes: «No necesitamos ningún proceso de paz porque ya lo tenemos, pero no puede haber una convivencia sabiendo que hay 300 víctimas cuyos asesinos no han sido condenados y no se sabe quiénes son», alega el también vicepresidente de Covite.

Para Raimundo Plata, víctima del atentado perpetrado por ETA en la Plaza de la República Argentina de Madrid en 1985 y secretario general de la AVT, el acto de Bayona no aporta nada nuevo al conflicto: «Es más de lo mismo, lo asumo con mucha cautela», sostiene. En este sentido, considera que es el Gobierno el que debe llevar la iniciativa y «no hacer concesiones a la banda», y añade que las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) son las únicas «legitimadas» para verificar el desarme.

En la misma línea, Maite Araluce, cuyo padre, Juan María de Araluce, fue asesinado en 1976, denuncia que el «paripé» de Bayona de este sábado no es más que una nueva «tomadura de pelo», pues las armas que se entreguen no van a permitir «rastrear ningún asesinato» de los que quedan sin esclarecer: «No me fio nada, no entiendo que los partidos le den su minuto de gloria a los terroristas», sostiene, y admite sentir «mucha rabia y tristeza» ante la falta de actos «para reparar a las víctimas».

Foto de la vergüenza

La percepción común de las víctimas en torno a la conocida como «foto de la vergüenza» que protagonizaron el pasado miércoles la práctica totalidad de los partidos y sindicatos vascos en compañía de Arnaldo Otegui es que no hace más que profundizar en las «heridas abiertas» de los que han sufrido la violencia de la banda a lo largo de cinco décadas. Araluce puntualiza que este tipo de estampas no solo la «humillan», sino que además dan nota de que, a pesar del paso de los años, «no ha cambiado nada».

«Lo único relevante de esa fotografía es que hay gente del Partido Socialista que sigue viendo legitimidad en un canalla como Arnaldo Otegui –argumenta el abogado Rubén Múgica, hijo del mandatario socialista Fernando Múgica, asesinado en 1996–. Digo que es lo único relevante porque esa fotografía muestra que el partido está descompuesto. Porque si el PSOE fuera un partido fuerte, con aspiraciones serias de volver a conquistar el Gobierno de la nación, nadie en su seno se fotografiaría con canallas como Otegui ni permitiría que nadie del partido se fotografiara así».

Según Puelles, la imagen de PNV, PSE y Podemos, entre otros, junto al líder soberanista «demuestra hasta qué punto ha funcionado el terror» en el País Vasco. A su juicio, el hecho de que los socialistas participaran en el acto significa que, o bien están «sumidos en una especie de síndrome de Estocolmo» o, por el contrario, quieren «hacerse más nacionalistas que los propios nacionalistas». En cualquier caso, asegura que el hecho de un partido que ha «sufrido en sus propias carnes el terrorismo» se «congratule» de este tipo de «propaganda terrorista» le parece «fuera de la realidad y de la historia del socialismo español».

«Es darle coba a una organización terrorista ya en los estertores de la misma –añade–. Al final lo que va a quedar es una especie de blanqueo de la historia e incluso una justificación subliminal de la banda terrorista, que parece que ha tenido que existir, porque ellos lo consideran conflicto político».

Dispersión de los presos

Las víctimas del terror etarra no vinculan la liquidación de la banda con una hipotética reubicación de los presos de la banda a cárceles próximas al País Vasco. Tal y como explica Múgica, el acercamiento de los reclusos podría dar a entender que el Gobierno «cede a la presiones» de los asesinos: ««La derrota de ETA no solo exige desarticularla policialmente, algo que ya se ha hecho, sino demostrar a todos sus integrantes y simpatizantes que estaban abocados a la derrota porque hubo un Estado que no quiso ceder un solo milímetro ante ellos».

Por su parte, Plata denuncia que las víctimas de los fallecidos tienen que ir a «visitar a sus familiares a los cementerios», por lo que no hay razón para acercar a los presos a las prisiones de la Comunidad Autónoma. De hecho, alega que aún hay «mucho por esclarecer» en torno a la actuación de la banda antes de tomar decisiones de esta índole: «Queremos que se entreguen y que colaboren con la Justicia, y que los que estén fuera de España cumplan las penas íntegras», manifiesta.