«Pintxos» con orugas y gusanos de seda en un bar de Vizcaya

El local alega que es una forma de introducirse en la variedad de «sabores y texturas» que aporta el consumo de insectos

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Un bar de Durango (Vizcaya) ha comenzado a servir pinchos elaborados con grillos, orugas y gusanos de seda, como una forma de introducir a su clientela en la variedad de «sabores y texturas» que aporta el consumo de insectos.

Jon Flores, responsable de este establecimiento desde hace cuatro años, ha explicado a Efe que, además de los pinchos, el local ofrece raciones de insectos.

«La gente al principio, cuando ve los bichos, puede poner cara de asco, pero una vez que los prueban los toman como algo normal, se sacan fotografías... Y algunos repiten», afirma el regente de este establecimiento, abierto hace casi ocho décadas en la calle Ermodo de Durango.

El local, que cada mañana se llena de clientes ávidos de café con leche, comenzó hace un mes a llenar su barra los viernes y sábados con pinchos acompañados de insectos.

Jon Flores cuenta que estos bocados son elaboraciones poco tradicionales, como el rulo de cabra con plátano, sobre las que dispone un surtido de varios insectos.

«Procuro poner los bichos fuera para que la gente los vea. Es parte del juego. Pueden quitarlos, si quieren, pero la gente se los come. La curiosidad que sienten es muy grande y lo mismo los come un niño de ocho años que un hombre de ochenta», cuenta.

La novedad no encarece la receta y cada pincho es ofrecido a un precio de 2,20 euros, mientras que las raciones de 10 gramos de insectos cuestan 2 euros.

Jon Flores adquiere por internet estos bichos comestibles, previamente tostados, envasados al vacío y con el etiquetado reglamentario, de distintas granjas de Tailandia, donde son criados con las máximas garantías sanitarias, según destaca.

La comercialización de insectos para su consumo es permitida por la Unión Europea desde el 1 de enero de este año, gracias a un cambio legislativo, por lo que su empleo culinario es relativamente nuevo en Europa.

En otros países, sin embargo, forman parte de su gastronomía tradicional, como en México, de donde este vizcaíno probó hace tres lustros varios saltamontes y hormigas culonas.

El hecho de que su consumo en Europa sea relativamente reciente ha motivado que, según este vizcaíno, falten aún por explorar las numerosas posibilidades que ofrece el consumo de estos insectos, como las piruletas o barritas energéticas de bichos o el pan elaborado con harina de grillos.

«Los grillos no van a sustituir a una chuleta, pero hay que tener en cuenta que de estos insectos se aprovecha el 100 % y que su producción es más barata y menos contaminante, por ejemplo, que la de una granja de vacas», observa