El director de la asociación Bakeaz, Josu Ugarte
El director de la asociación Bakeaz, Josu Ugarte - EFE
Entrevista

Josu Ugarte: «Muchos vascos votaban a partidos nacionalistas por miedo a ETA»

Algunas ramas de la banda veían a los empresarios vascos como los «enemigos del pueblo»

BilbaoActualizado:

La sombra de ETA se cernió sobre miles de empresarios vascos que tuvieron que elegir entre financiar a una banda terrorista o preservar su seguridad y la de sus familias. Un drama que varios investigadores han analizado y desarrollado en «La bolsa y la vida», un trabajo coordinado por el director de la asociación Bakeaz, Josu Ugarte.

¿Cuándo comenzó ETA a exigir el mal llamado «impuesto revolucionario»?

Primero es consecuente explicar que ETA se financió de diversas formas: atracos, secuestros y extorsiones. En relación a estas últimas se conocen algunos datos pero no los totales. La documentación incautada en Sokoa -una cooperativa situada en Hendaya (Francia)- apunta a que los primeros casos se dieron antes de 1980. Pero algunos indicios sostienen que la primavera de 1970, el comando «Los Cabras» ya mandó una veintena de cartas en Oñate, Vergara y Mondragón.

¿Cuánto dinero ganaban con esta práctica?

Hasta 1986 se sabe que ETA pudo recaudar unos 1.163 millones de pesetas (que a precios de 2016 serían equivalentes a 21,5 millones de euros). Sin embargo, no conocemos las cifras a partir de esa fecha porque no hay documentación. Eso sí, a partir de 2002 la debilidad de la banda provocó que tuviera menos capacidad de extorsión y manejó presupuestos anuales muy interiores a los de su época álgida, cuando la cantidad ascendía hasta los cinco o seis millones de euros.

¿Fue la extorsión su principal fuente de ingresos?

No. La cifra más importante se alcanzó con los secuestros. Desde 1973 hasta 1996, las diferentes ramas de ETA, especialmente ETA político-militar, obtuvieron entre 6.086 y 6.416 millones de pesetas (entre 103 y 106 millones de euros a precios de 2016). Los atracos fueron otra vía de financiación con la que obtuvieron 555 millones entre el 77 y el 86.

¿A cuántos empresarios llegó a secuestrar?

En total hubo 49 secuestrados, de los cuales 11 recibieron además tiros en las piernas. Era un método que utilizaba a veces ETA político-militar: secuestraba al empresario, obtenía un rescate y a su vez le hería las piernas.

¿Por qué les disparaban?

En las primeras fases de ETA había una mezcolanza extraña entre nacionalismo radical y una confusa ideología anticolonialista. En ese sentido, los empresarios eran conocidos como explotadores, como enemigos del pueblo vasco. De alguna forma también pensaban que eran un sostén del régimen franquista, con el que habían vivido muy cómodamente. A una rama de la banda le dio por herir a los empresarios siguiendo algunas formas de acción de grupos de otros países como Italia.

En términos generales, ¿se conoce cuántos empresarios pudieron ser extorsionados?

El número de empresarios, directivos y profesionales liberales extorsionados por carta pudo ser de más 9.000 entre 1993 y 2008. Se puede decir sin mucho riesgo de equivocarse que desde 1970 hasta finales del 92 hubo otros 5.000 casos. Pero más allá del número, que era muy elevado, el problema era la dinámica que utilizaba ETA para amenazar.

¿Cómo era el proceso de extorsión?

Primero enviaban una carta de amenaza más o menos suave. Al cabo de unos meses recibían otra más exigente y directa, y luego una tercera. Después, la carta la recibía un familiar. Eso transmitía a la víctima el mensaje de que sabían quién era su mujer, su padre o su hermano. Un empresario podía ser capaz de enfrentarse a la amenaza solo, pero cuando se trataba de un familiar, el miedo era enorme.

¿Era posible salir de ese mundo?

Era muy complicado. Incluso si pagaban, a veces no podían librarse. Si no pagaban, recibían cartas durante dos, cinco o diez años, con toda la tensión que provocaba en el empresario y su familia.

¿Cuáles fueron las consecuencias de la extorsión para las víctimas?

El sufrimiento que experimentaron estas personas fue increíble. Un dolor continuado que en muchos casos ha provocado enfermedades psicológicas. ETA les metía en una dinámica perversa, porque las amenazas eran creíbles, pero si cedían al chantaje, el dinero serviría para asesinar a otras personas.

¿Y para el conjunto del País Vasco?

ETA instaló el miedo social en el país, algo que ha influido también en la política. Mucha gente votaba a formaciones nacionalistas por miedo. Sobre todo al PNV, que era un voto refugio.