Sandra Palo, 15 años del asesinato más cruel

La joven fue secuestrada, violada y brutalmente asesinada... Sin embargo, sólo uno de sus verdugos permanece en prisión


MADRIDActualizado:

Ni en las películas más sádicas se ha recreado un suceso parecido al de aquella noche del 17 de mayo de 2003. La propia Fiscalía lo ha calificado como «el crimen más vil» de la historia. Francisco Javier Astorga Luque, «El Malaguita», de 18 años; Ramón Santiago Jiménez, «Ramón»; Juan Ramón Manzano Manzano, «Ramoncín», de 17, y Rafael García Fernández (o Fernández García, porque se cambió el orden de los apellidos) «El Rafita», de 14, secuestraron a Sandra Palo en la Plaza Elíptica de Madrid para, después, violarla en grupo durante 45 minutos.

El calvario de la joven Sandra no había hecho más que empezar. «El Malaguita» le atropelló en repetidas ocasiones y, posteriormente, convenció al resto de su grupo para comprar un euro de gasolina y quemarla viva.

Tres lustros después, sólo «El Malaguita» sigue en prisión. Fue condenado a 64 años de prisión, que cumple en el penal de Herrera de la Mancha (Ciudad Real). Lideraba la entonces conocida como «Banda del Chupete».

Reguero de antecedentes

Al resto se les aplicó la controvertida Ley del Menor: los «Ramones» cumplieron 8 años en un centro de menores, al entrar dentro del segundo tramo por edades de esa legislación; el «Rafita» apenas estuvo cuatro, por su corta edad. Pese a los informes de los especialistas alertando de que no había progresado nada en su comportamiento, fue puesto en libertad.

Nada más salir a la calle, en un piso tutelado de la provincia de Málaga, comenzó a delinquir. Desde entonces, suma más de una veintena de reseñas policiales. El crimen de Sandra Palo, para él y los otros dos menores implicados, oficialmente no existe en un historial. La ley obliga a borrarlo.

«Ramón» y «Ramoncín» han seguido una estela similar, con continuas entradas y salidas de comisaría y alguna estancia en prisión.

Sin cambios en la ley

Quince años después de que Sandra fuera raptada cuando volvía con su novio de una fiesta, dispuestos a coger el autobús a Getafe, la incansable lucha de sus padres sigue siendo desoída por todos los partidos políticos, sin excepción. Lo único que ha cambiado desde entonces es que los menores pasarán del centro a prisión, si deben continuar con la medida impuesta, a los 21 años, y no a los 23, como antes. Pero nadie se ha atrevido a endurecer la legislación en casos tan graves como el de la joven getafense.

Sandra, el pasado 22 de enero, debería haber cumplido 37 años. Hoy, solo queda su tumba en el cementerio de Carabanchel, el recuerdo de todo un país y el dolor inmenso de una familia que no puede ni quiere olvidar. Y el olvido de los políticos.