Ignacio Dean posa para ABC desde la Puerta del Sol
Ignacio Dean posa para ABC desde la Puerta del Sol - MAYA BALANYÀ

Una vuelta al mundo a pie desde la Puerta del Sol

Un malagueño decidió lanzarse a recorrer 33.000 kilómetros a través de cuatro continentes con un mensaje medioambiental

MadridActualizado:

Confiesa que, después de tres años andando con un carrito alrededor de todo el mundo y durmiendo sin un techo fijo, no se acostumbraba al ritmo de una gran ciudad como Madrid. «Al principio, me costaba estar con mucha gente alrededor; el aire me parecía muy seco; me subía a un coche y me mareaba, e incluso me costaba estar sentado delante de un ordenador», dice Ignacio Dean, un malagueño que, con el fin de retarse a sí mismo y mandar un mensaje medioambiental a la sociedad, decidió abrocharse las zapatillas y dar una vuelta al mundo a pie tomando como punto de inicio el kilómetro cero de la Puerta del Sol.

«Ya había caminado algo, había hecho rutas a pie, había culminado cuatro variantes del Camino de Santiago, la ruta Transpirenaica y también muchas rutas de trekking, y fue así como se me ocurrió dar la vuelta al mundo», explica con naturalidad Dean, quien recuerda que inició esta travesía con un objetivo bastante claro: «Este viaje era un sueño y, evidentemente, tenía un componente de reto deportivo muy fuerte; pero no era solo eso, también quería mandar un mensaje de respeto al medio ambiente».

Con esto en la cabeza se lanzó a andar con un carrito, «en el que cada kilo de más pesa mucho», y una tarjeta de crédito con 3.000 euros para dar la vuelta al mundo por medio de una aventura algo incierta. «Todos los cajeros alrededor del mundo no son como los de la calle de Serrano, precisamente», bromea el aventurero, que se pone más serio a la hora de relatar lo importante que ha resultado este proyecto para su vida. «Aprendes muchas cosas; para empezar, que el planeta no es tan grande. Ya puedo decir que tengo una noción de las dimensiones del planeta porque lo he recorrido con mis pies», argumenta Dean, quien confiesa que ha gastado «doce pares de zapatillas», de los que sólo conserva uno porque, como insiste, «cada kilo de más pesa mucho».

Pero, además de enriquecerse como persona, Dean ha vivido muchas más experiencias a lo largo de su travesía y no todas ellas precisamente agradables. Eso sí, el conjunto de todas le ha servido para escribir un libro llamado «Libre y salvaje», en el que relata cómo presenció un atentado en Bangladesh o le intentaron asaltar en México con machetes. Pese a ello, Dean prefiere quedarse con lo bueno, que no es poco, de su aventura: «He constatado que la mayoría de la gente en el mundo es buena más allá de su nacionalidad, religión o ideología, y también he comprendido que somos capaces de hacer lo que nos propongamos, que no hay nada imposible».

Ahora ya lleva unos cuantos meses en casa, con su gente y está volviéndose a acostumbrar a no vivir la mayor parte del día en completa soledad, donde también echó en falta a muchas personas. «Lo primero que hice nada más llegar fue disfrutar de mi familia, darles un abrazo y volver a estar con ellos. Eso sí, rápidamente me sumergí en el ajetreo de escribir un libro», bromea Dean, quien, a día de hoy y no conforme con haber dado la vuelta al mundo a través de cuatro continentes a pie, ya prepara un nuevo reto que no desvela: «Entreno mucho y, ahora, también nado». Ahí queda la pista.