Varias mujeres participan en uno de los talleres
Varias mujeres participan en uno de los talleres - ABC

Violencia Machista«Mi marido me pegó por primera vez en la noche de bodas»

El 13 por ciento de las asesinadas tenía más de 65 años. Un programa enseña a las personas mayores a reconocer y combatir los malos tratos

MadridActualizado:

«Hazte visible, hazme visible» es el nombre del proyecto que ha puesto en marcha la Consejería de Familia y Asuntos Sociales con el fin de aflorar una realidad que se da con más frecuencia de la admitida entre los mayores: los malos tratos. Como recuerdan los datos oficiales, un 13 por ciento de las asesinadas el año pasado por violencia de género eran mayores de 65 años.

Varios de los centros de mayores de la Agencia Madrileña de Atención Social han puesto en marcha estos talleres encaminados a despertar conciencias: las de quienes han sido víctimas de malos tratos en momentos en que la visibilidad social de este problema era muy diferente y también las de aquellas que, sin haberlo sufrido directamente, tienen ahora la posibilidad de tomar conciencia del mismo y ayudar a quienes lo han sufrido.

De hecho, los expertos señalan que esta que se da en los más mayores es una de las violencias de género más invisibilizadas. «Son muy vulnerables por la edad y por la duración del maltrato, que les ha causado profundos daños», explican desde la Consejería. Treinta y cinco trabajadores sociales han recibido formación específica para estos cursos. Han sido seis los talleres desarrollados, en los que han participado 89 personas. El 96 por ciento de ellas reconocen haber adquirido nuevos conocimientos sobre relaciones y buen trato. Pero, sobre todo, desarrollan espacios donde las mujeres pueden romper su silencio, donde ser escuchadas.

«Desde la noche de bodas»

Mujeres como Pascuala, «transgresora y rebelde», como ella misma se define, con 70 años, y que confiesa haber sufrido maltratos de su marido «desde la noche de bodas». Décadas de matrimonio y de violencia que, confiesa, aún no ha superado, aunque hace 25 años que se divorció. Entre otras cosas: «Porque aún vivo escondida».

«Él ya va por la tercera mujer», recuerda: «La última es una jovencita, que un día me pidió consejo sobre él y le dije: “Te voy a hablar como si fuera tu madre; coge la maleta y «vete”. Confieso que tengo un miedo que, aunque intento salir de él, no lo consigo». Y no es raro: «Me dijo que, antes de morirse, me tenía que matar». Unas palabras que aún lleva grabadas a fuego.

Carmen y María del Carmen, a su lado en el Centro de Mayores de Vallecas –«el mejor de todos, ponlo», insiste Carmen–, la escuchan en silencio. Es una de las cosas que han aprendido en el taller: a prestar atención a quienes se abren para enseñar su interior. Lo mismo que ellas mismas han hecho, aunque en su caso se apresuren a aclarar que sus maridos son «unos santos». El de Carmen fue «el único papá que iba a la guardería a por la niña». En su caso, el taller le ha servido para abrirse a otras mujeres y salir del aislamiento en que se había refugiado tras una profunda depresión que arrastraba a raíz de la muerte de dos de sus hermanos.

El taller las ayuda a valorarse, a encontrar complicidad en otras personas que han podido vivir situaciones similares. A escuchar y ser escuchadas. Y también a tomar conciencia. Porque las cosas ahora son diferentes, pero Pascuala es escéptica: «Han cambiado un poquito, pero tienen que cambiar mucho más». Y Carmen, a su lado, asiente: «Los chicos jóvenes tienen muchas cosas en el trato con sus mujeres que son micromachismos; yo se lo he dicho a mi hija y a mi yerno alguna vez. Te ponen el pie en la cabeza aún».

«Los jóvenes no aguantan tanto», es la reflexión de María del Carmen, optimista nata a pesar de los achaques de salud, que se están cebando con su vista: «Ahora, las mujeres tienen su sueldo». Confiesa una depresión tras la muerte de su padre; fue la gota que colmó un vaso lleno de «las cosas que se te van metiendo dentro». En el taller encuentra compañía y comprensión.