Madrid

Vecinos de Valdebernardo hacen guardias nocturnas para salvar a una familia de patos

Organizados en un grupo de WhatsApp de forma espontánea, sueñan con llamar avenida de la Fuente de los Patos a la calle donde se ubican las aves

Las tres cr├şas de pato, junto a su madre, en la fuente de Valdebernardo - INMA FLORES / V├ŹDEO: AGUST├ŹN PARRILLA

En el barrio de Valdebernardo, en Vicálvaro, no hay patitos feos. Tampoco un grupo de cisnes protectores. Los salvadores en esta historia con matices de cuento son los vecinos del bulevar de Indalecio Prieto, que espontáneamente se han organizado para socorrer a una pequeña familia de patos amenazada de muerte. Un mes y medio después de nacer, y ante sus dificultades para sobrevivir, les nutren de comida y hacen guardias nocturnas hasta que puedan valerse por sí solos.

Esta suerte de ángeles de la guarda surgió accidentalmente, casi como su amor por las crías. Según narran los vecinos de la zona, comprobaron cómo la madre de los patitos no terminaba de criar a su bandada. Pese a cuatro intentos en los últimos cuatro años, siempre morían. Hasta esta ocasión, cuando alumbró a doce polluelos.

Grupo de WhatsApp

El barrio rápido les adoptó y asumió como sus mascotas. Sin embargo, varios murieron durante los primeros días porque los operarios que se encargan del mantenimiento de la fuente –ubicada en el cruce de Indalecio Prieto con José Prat– quitaron la tabla que les permitía subir a los pequeños islotes que forman el conjunto. «Los animales morían de frío y poco a poco formamos un grupo de WhatsApp para cuidarlos», explica Álex, un joven de 25 años que, implicado en su cuidado, incluso ha cuidado en su casa a una de las crías. «Tenía miedo por si la madre la rechazaba, pero no podía dejar que se muriera», apunta. Finalmente, la madre no lo repudió y ahora es conocido con el nombre de su cuidador; uno de los tres supervivientes.

Los vecinos, que superan la veintena pero no configuran ninguna plataforma o colectivo, repusieron la tabla hasta en dos ocasiones, pero encontraron más problemas añadidos. Uno es que los patos mueren atrapados en la estructura que protege a los focos de la fuente; el segundo que el sábado pasado el Ayuntamiento eliminó el agua del espacio para limpiar el fondo. «En una hora reunimos cien firmas para que no vaciaran la fuente, pero no nos hicieron caso», explican los vecinos.

Al arroz y la verdura cocida, la ayuda más evidente entre la mayoría de los vecinos, hubo que añadir una nueva muestra desinteresada: guardias nocturnas para proteger a los pequeños. «Escuchamos que había gente que quería llevarse a los patos o matarlos, así que decidimos hacer noche en uno de los bancos cercanos a la fuente», señala otras de las participantes. «La enseñanza de todo esto es que aunque haya gente que quiere hacer daño, hay otra que es muy buena», añade.

Noches de imaginaria

Sin más resguardo que una manta, las noches del puente de San Isidro –sábado y domingo– se contaron como imaginaria para varios vecinos. El frío, sin duda, fue uno de los inconvenientes, pero también ahuyentar a algunos de los agresores potenciales. «Mucho borracho fuera de lugar», lamentan.

Lo que empezó como un gesto se ha erigido como un símbolo para el barrio: «Ahora todo el mundo va a verlo, los niños traían a los padres de la mano para firmar; ha sido muy bonito». Otra de las peticiones que defienden es que se quiten los recubrimientos «trampa» que atrapan a los animales cuando se sumergen. Al menos hasta que los tres estén criados totalmente.

Álex, Ricardo, Carlos, Ana, Angelines, Rosa... Son varios los nombres que se han implicado en esta aventura que, aseguran, no acabará hasta que puedan volar y no necesiten sus cuidados. O no, porque un sueño romántico acompaña a los vecinos: «Sería un puntazo que la calle se llamase avenida de la fuente de los patos».

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