Tomás Tarruella, fundador del Grupo Tragaluz junto con su madre Rosa María Esteva
Tomás Tarruella, fundador del Grupo Tragaluz junto con su madre Rosa María Esteva - INES BAUCELLS
Taberneros del siglo XXI

Tragaluz, intuición y buen gusto

El propietario Tomás Tarruella, junto a su madre, Rosa María Esteva, forman el tándem que está detrás del grupo Tragaluz

MADRIDActualizado:

Todo queda en familia. Rosa María Esteva y Tomás Tarruella, fundadores del Grupo Tragaluz, son el mejor ejemplo de colaboración familiar. Madre e hijo han llevado por bandera los valores familiares y la ilusión como guía de todos sus logros. «La semilla del sentimiento por este mundo viene de familia. Mi abuelo nos llevaba a los mejores restaurantes de París, Londres o Nueva York y nos enseñaba a apreciar la gastronomía y tener sensibilidad hacia las cosas bien hechas. Mi abuela que murió muy joven, de cáncer, le entrego a mi madre sus recetas escritas a mano como su más valiosa herencia. Recuerdo como si fuera hoy el pato a la naranja de la Tour d’Argent», cuenta Tomás con nostálgia.

Desde su nacimiento, en 1987, Tragaluz ha imprimido una fuerte personalidad en todos y cada uno de sus locales, que se caracterizan por su gusto impecable. «Podría decirte que nuestros espacios son trajes hechos a medida. Un restaurante debe ser coherente en todos los aspectos: la zona, la cocina, el espacio, la música, los uniformes y por supuesto la decoración», explica el cofundador. De ahí que su éxito venga de su capacidad para crear conceptos únicos y claros, dónde el diseño y la cocina se funden para obtener un resultado total gracias a sus propuestas originales, en las que poder disfrutar de la gastronomía sin límite. «Cuando no tienes un plan de expansión te sientes libre. Para Grupo Tragaluz sólo la ilusión ha sido el motor de cada nuevo proyecto. Si tienes ganas e ilusión ya eres fértil, creativamente hablando claro. No siempre es así por motivos personales, consolidación de otro nuevo proyecto, circunstancias financieras, generales o de mercado. Luego viene la idea o el local con ese algo especial que nos caracteriza. El orden puede variar según el caso», explica Tarruella. Otra seña de sus señas de identidad son la calidad de los productos, presentados en ambientes vanguardistas y a un precio coherente y equilibrado.

Bar Tomate
Bar Tomate - INÉS BAUCELLS

El Grupo Tragaluz bebe de dos manantiales. Por un lado Barcelona, donde empezó todo y donde han nacido gran parte de sus experiencias gastronómicas. Y por otro lado, Madrid, destino vivo y en el que siempre se han sentido como en casa. «Todo surgió de la oportunidad de coger un local que, en 1986 aún vendía pararrayos en Paseo de Gracia. Queríamos montar una tienda de camisas, pero un viaje nos hizo cambiar de idea. A nosotros nos gusta comer y servir a los demás y así fue como, junto a mi madre Rosa Esteva, abrimos Mordisco. La ola buena de la Barcelona preolímpica en el 92 nos ayudó». Y desde entonces, han ido conquistando a todos son sus aperturas hasta llegar a Madrid.

En la capital de España entraron por la puerta grande gracias a un simpático y fresco local en el barrio de Chamberí: Bar Tomate. Este espacio abre su cocina a las 8.30 y en él se sirven desayunos, comidas, platos del día, cenas, cócteles y vinos. «El local nació de forma espontanea y quizás por lo que supuso y la revolución que nos generó tras la grata sorpresa del público, sea una de mis grandes debilidad. El espacio no es más que un bar con cocina humilde e informal, que huye del encorsetamiento», confiesa Tomás.

Su propuesta gastro es una fusión entre los mediterráneo y lo internacional con productos de calidad y técnicas modernas. Tiene un avanzado horno de leña donde se cocina fabulosas pizzas, así como otros platos de la carta o del día. Entre su propuesta se puede destacar el tartar de atún con aguacate, las alcachofas fritas, la tortilla abierta de setas con butifarra, la pizza de fontina y trufa, la tagliata de ternera madurara o el ravioli de pera. Además, completa su experiencia con un DJ hasta las 2.00h viernes y sábados. Hoy día, el local se ha convertido en un punto de encuentro de referencia.

Nuevo local

Tras el éxito del Bar Tomate, llegó Luzi Bombón, una brasserie moderna en plena Castellana. Abrió sus puertas en 2011 y se podría definir como un espacio dinámico y desenfadado con horario ininterrumpido. En la carta podrás encontrar carnes, pescados y arroces a la brasa con una amplia variación de guarniciones. Asimismo, en su carta se pueden destacar como imprescindibles el lomo de black angus con piparras, el rapito a la brasa con macerado de tomate y limón y calabacín o el arroz salvaje con verduras o su filete a la broche con setas y patatas caseras. Como entrantes las toritas de sashimi con mayonesa de chipotle, sello de la casa es una delicia. Su barra de ostras, copas y música jueves viernes y sábados hacen que Luzi Bombón no sea un local más y marque por completo la diferencia entre los restaurantes con más clase y descaro de la capital.

Si algo dejan claro madre e hijo a lo largo de sus años de experiencia es «que las casualidades no existen, pero todo llega con el trabajo bien hecho». Grupo Tragaluz no deja de crear y próximamente darán vida a un nuevo espacio con una temática diferente en Madrid, solo falta tal y como adelanta Tomás, «el local que permita desarrollar esta nueva idea bien trabajada y contrastada». En definitiva, Grupo Tragaluz son experiencias, donde la cocina es la base, pero debe estar acompañada de otros ingredientes que la completen y provoquen ganas de volver».