Fachada de la iglesia de San Ginés, en la calle del Arenal
Fachada de la iglesia de San Ginés, en la calle del Arenal - FOTOS: MAYA BALANYA
IGLESIAS DE MADRID

San Ginés de Arlés: la Capilla Sixtina del arte madrileño

Quevedo, Lope de Vega, Alonso Cano... son muchos los nombres asociados a este templo que se inauguró en 1645

MadridActualizado:

Entré descalzo de imágenes, porque pisaba tierra de asombro. «Vía pulchritudinis». El Dios racional, motor inmóvil, me sabe a poco; anhelo el rostro del Dios que es belleza, Jesucristo. Busco el rostro de Dios; mi razón rastrea, pero es mi corazón quien encuentra. Glosando a Nicholas Serota, director de la «Tate Gallery» sobre la Capilla del Rosario de Matisse: «Quien entre en este espacio y no sienta gran emoción, es incapaz de sentir». Así es la parroquia de San Ginés de Arlés, el templo de la gloria de Dios, patrimonio de la Iglesia en Madrid.

La Parroquia de San Ginés, Madrid reconquistado de influencias cluniacenses, barroco castizo en estado puro, es un lienzo que le lleva la contraria a Platón porque dijo que la belleza es difícil. Si el teólogo E. Jüngel, con no poco ingenio, afirmó que «bello es lo que sale del cuadro», el templo de los sacramentos de Francisco de Quevedo y Villegas, de Félix Lope de Vega y Carpio, y de Tomás Luis de Vitoria, se sale del marco de lo rutinario en la ribera del arroyo, arenal de la vida. Este templo restaurado, nos recuerda que el arte despierta la nostalgia de lo absoluto.

La iglesia era visitada por un piadoso San Isidro cuando trabajaba para doña Nusta

Estamos en la parroquia del arte. Pero no nos equivoquemos, San Ginés no es un museo, es la vida de esperanza y de caridad de una comunidad de fe que, a lo largo de los siglos, ha potenciado la cultura, ha acogido en su seno a pintores, escultores, arquitectos, de patrocinio privado o de mecenazgo regio. En la capilla bautismal están Luca Giordano, Juan Pascual de Mena, Luis Salvador Carmona; en la del Santísimo, Antonio de Pereda, Gerard Seghers, Virgilio Fanelli y Alfonso Giraldo Bergas, Michiel Coxcie, José Sánchez Villamandos y el gran Alonso Cano.

En la capilla de la Virgen del Amor Hermoso, Mariano Bellver, Juan Adán, Antonio Palomino. Y así en el resto de espacios, Juan Pascual de Mena, Michelangelo Naccherino, Juan de Porres, Marcelo Góngora, José Antolínez, Juan Carreño de Miranda, entre otros. Hasta llegar a dos ubicaciones en las que el corazón dice alto: «La purificación del Templo», de Domenikos Theotokopulos (el Greco), y el altar mayor, obra de José San Martín, recreación del diseño original de Francisco Rizzi. Cada uno de estos nombres, y de otros muchos, merecería varias tesis doctorales. Con esto lo he dicho casi todo.

Todo lo que recaudan al mes en colectas (7.000 euros) lo distribuyen por todo Madrid

La parroquia de San Ginés de Arlés, mártir por bautismo de sangre, que sabía decir no al Emperador y sí al Señor, es la Capilla Sixtina del arte madrileño. Fue consagrado como primer templo bajo el reinado, en Castilla, de Alfonso VI y siendo arzobispo de Toledo y primado de España Don Bernardo de Cluny (1086-1124). La Iglesia de San Ginés era visitada por un piadoso San Isidro cuando trabajada para doña Nusta, distinguida señora.

En 1358 el Papa Inocencio VI de Avignon, con motivo de un saqueo y robo sacrílego, remite una Bula a la parroquia concediendo indulgencia a cuantos colaborasen en el desagravio. En la segunda mitad del siglo XVI comienza su esplendor ligado al establecimiento de la capitalidad en Madrid (1561) por decisión de Felipe II. Allí se bautizó Doña Catalina Micaela, segunda hija del Rey y de doña Isabel de Valois, que fue llevada hasta la pila por don Juan de Austria.

El párroco de San Ginés del nuevo milenio, José Luis Montes Toyos, que lo es desde el 30 de diciembre de 2001 con un Plan director del Templo bajo el brazo, es capellán de las artes mayores, hombre culto, montañés o cántabro, de cuna e hidalguía de asiento, y actual Delegado episcopal de Patrimonio cultural de la archidiócesis madrileña. Mucho escribiría de don José Luis, que así le llamo desde inveterados tiempos allá en la tierruca, pero me ruega aproveche el espacio periodístico en menesteres más fecundos. Le auxilian en el trabajo pastoral los jóvenes sacerdotes Antonio Gómez de Agüero, que llegó a esta parroquia, como su párroco, desde la de San Vicente Ferrer, y el también joven sacerdote, Antonio Alba. Colabora en las tareas sacramentales de la Iglesia el sacerdote José Félix Vicente, que dedicó no poca parte de su vida a la gestión patrimonial.

Una escuela quizá platónica por eso de que son capaces de convertir la liturgia terrena en liturgia celestial, las ideas que definen lo divino en encarnación de percepciones.

Y no digamos nada cuando hacen sonar el órgano de Benito Vaquero, construido en 1826, puesto al día por Organería de Navarra y el organero Carlos Álvarez, con la colaboración de las firmas Laukhuff, Kloss y Stinkens, a decir del espléndido libro sobre la parroquia del que es coautor José María Quesada. Con sus 2170 tubos nos hace palpar la gloria, que es el cielo.

«Los pobres no esperan»

Suele decir el párroco de San Ginés, que también es monseñor de títulos de erudición, que «los pobres no esperan». Cada domingo de la caridad, que denomina «domingo de la esperanza», lo recaudado en las colectas, unos 7.000 euros al mes, se distribuye por el todo Madrid. Es éste un barrio de siempre, vértebra del Madrid de los Austrias, entre comercios y manifestaciones, cuya senda concluye en Palacio, con unos feligreses que sienten el abandono de la crisis y la soledad del tiempo. Y allí está la parroquia en su grupo de fieles voluntarios.

Tiene, además, está comunidad un hermanamiento pastoral y evangelizador con la contigua parroquia de San Sebastián. Allí se van los niños a la catequesis; mientras que en San Ginés la catequesis es de adultos, porque proliferan los mayores de edad que ahora piden el bautismo. Dentro de los proyectos de José Luis Montes Toyos se encuentra el Foro «Iglesia y sociedad» que comenzará con el nuevo curso académico, un foro de diálogo con la sociedad española. Pero la joya de la pastoral parroquial son los voluntarios del arte, que reciben clase los sábados por la mañana y que se preparan para explicar al hombre y a la mujer de hoy que la belleza de la Iglesia habla de lo esencial. La belleza, según Dostoievski, es algo terrible que tiene que ver con la lucha entre Dios y satanás, y el campo de batalla es siempre nuestro corazón.

Recuerdo, cuando me despido de don José Luis, lo que escribió un tal Ratzinger, bendito amigo: «Estoy convencido de que la verdadera apología de la fe cristiana, la demostración más convincente de su verdad, contra toda negación, son de un lado los santos y de otro la belleza que la fe ha generado».