Madrid

Carmena devuelve la tradición a unos Reyes Magos austeros

La Cabalgata mejoró con respecto al año pasado, pero el Ayuntamiento volvió a dar la espalda a los detalles navideños más elementales

Los Reyes Magos posan en la rotonda de Cibeles tras la tradicional cabalgata de Reyes en Madrid - EFE
ENRIQUE DELGADO SANZ/ JOSEFINA G. STEGMANN Madrid - Actualizado: Guardado en: España Madrid

Manuela Carmena reconoció este jueves, doce meses después, que se equivocó en la Cabalgata del año pasado cuando la imagen de los Reyes Magos de Madrid dio la vuelta al mundo por lo inapropiado de su vestimenta. Este año el error no se volvió a repetir y sus Majestades de Oriente fueron aquello que todos los niños y mayores de la capital esperaban. Melchor, Gaspar y Baltasar desfilaron por la Castellana, desde Nuevos Ministerios hasta Cibeles, con una apariencia tradicional aunque, eso sí, bastante austera. A los Magos les faltó suntuosidad.

A la Cabalgata, que fue seguida por miles de personas que aguardaron en las márgenes de la Castellana desde primera hora de la tarde para coger un buen sitio, también le faltó espíritu navideño, ya que apenas presentó características típicas de la tradición cristiana que, al fin y al cabo, es en lo que consiste la Epifanía. De nuevo, faltaron las ocas (según el Ayuntamiento, «porque sufren estrés») y el desfile consistió en una suerte de mezcla de elementos futuristas, botánicos y falsos animales, con excepción de los caballos de la Policía Municipal. Los únicos rastros de la Navidad fueron la Estrella, que iluminaba el inicio del intinerario que siguió la comitiva, y los propios Magos de Oriente.

En cuanto al atavío de estos últimos, fue más tradicional que en 2016. Portaban turbantes y, encima, coronas, aunque Baltasar ni siquiera la llevaba. Todos vestían túnica blanca y chaquetas de tonalidades más oscuras y precisamente aquí se les vieron las costuras a los Magos que, para ser reyes, no vistieron como tales. Melchor, por ejemplo, iba dentro de una saya que claramente le quedaba grande con el fin de aparentar mayor corpulencia. Eso sí, las barbas, algunas reales, estuvieron mejor acabadas.

Pero nada de avalorios ni pedrería ni demás elementos de fantasía. Igualmente se esperaba más de los terciopelos y los elementos dorados y armiños, que eran prácticamente inapreciables. Sin embargo, con el recuerdo del año pasado aún fresco en la memoria, tanto niños como mayores terminaron la Cabalgata conformes. «Este año, mucho mejor», respondió aliviada María, una madre que se temía lo peor. «Fue mucho más tradicional que la del año pasado, por lo menos los trajes han sido más creíbles», zanjó Javier, de 21 años. «Me ha gustado, pero he visto elementos muy poco navideños», apuntó Óscar.

Manuela Carmena pasó de vestir a los Reyes de «cortina de ducha» a despojarlos de suntuosidad. Una sobriedad añadida en las carrozas de Sus Majestades, exactamente las mismas que las del año pasado, pese a contar con un presupuesto de 126.000 euros más. El asunto de la vestimenta traía de cabeza a los representantes municipales. Horas antes de que arrancara el cortejo, la portavoz del PP, Esperanza Aguirre, aventuraba: «Presentar la Cabalgata como una oda a la curiosidad es una enorme cursilada. Así que la alcaldesa se deje de cursiladas y que procure que todos los madrileños y especialmente los niños puedan contemplar una tradición milenaria como es la Cabalgata de los Reyes Magos». Desde Ciudadanos, Sofía Miranda se mostraba expectante por «si se va a producir un nuevo experimento innovador para los niños»: «Las tradiciones pertenecen a los ciudadanos y somos contrarios a politizar la cultura».

Lo único que se conservó de los cortejos de los últimos años fue el recorrido, de Nuevos Ministerios a Cibeles, pasando por los paseos de la Castellana y de Recoletos. La Cabalgata de este año quiso incidir en el conocimiento de las ciencias, sobre todo naturales, esta «oda a la curiosidad» se convirtió en una especie de homenaje a Julio Verne, con científicos locos, astrónomos, una marioneta gigante de una astronauta, un laboratorio plagado de plantas exóticas, un submarino, planetas gigantes y un telescopio encarnados, en su mayoría, por voluntarios municipales, muchos de ellos chavales jóvenes que confesaron haber ensayado únicamente «cuatro días» su papel. «La coreografía es fácil, pero hay gente que no ha venido a los ensayos y está perdida», lamentaron Andrea, Bea, Cristina y Alka, cuatro de estas voluntarias madrileñas, antes del comienzo del evento, que fue algo caótico.

Mala organización

Además, no fue hasta cinco minutos después de arrancar la Cabalgata cuando el Gobierno local informó de la zona de acceso a la prensa, con salvedad de TVE y Telemadrid, las únicas televisiones que retransmitían. En ese momento, se informó de que no se podrían tomar imágenes de la tribuna de Cibeles, donde el Consistorio había colocado por expreso deseo a un grupo de niños en situación de vulnerabilidad.

La tónica general fue la de niños embelsados por ese espectáculo de luz, fantasía y muñecos gigantes que convirtió a Madrid en una ciudad irreal, de fantasía. «Me gustó mucho más que la de 2016», contaba Beatriz con cara de satisfacción mientras le acariciaba la cabeza a su pequeña, que destacaba lo mucho que le había gustado la acróbata que bailaba en el aire sostenida por un arco inmenso elevado por globos de helio. Irene, de 22 años, coincidió en que este año había mejorado, y que también le gustó la temática escogida: «Me pareció muy educativa».

Además de las carrozas de Melchor, Gaspar y Baltasar, quizá la más esperada fue la del «Laboratorio Botánico» y sus científicos chiflados. Fue una de las que contó con actores sordomudos siguiendo con la intención de hacer una Cabalgata de todos y para todos.

Los juegos de luces, los zancudos y la música en directo también funcionaron mejor que en la anterior edición. Se vieron marionetas gigantes, una tela azul inmensa simulando el mar, un águila de doce metros, bicicletas, coches de bomberos y personajes de animación como los Lunnis, todos repartiendo caramelos, que también dejaron satisfechos a los presentes, y no dejaban de exigirlos al grito de «¡Aquí, aquí, echadlos aquí». De eso se lamentaba el pequeño Jorge que lamentaba su mala suerte: «Si es que no nos echan nunca por este lado...».

Expectación también generaron, las palabras de Carmena. Finalizada la Cabalgata, la alcaldesa recibió a los Reyes en un escenario montado a los pies del Ayuntamiento y les pidió que no se olvidaran este 6 de enero «de ningún niña y niño de Madrid». Al tomar la palabra Melchor, y sin hacer ninguna alusión a la festividad cristiana que los citó allí, aconsejó a los más pequeños que no perdieran la curiosidad: «Vuestras ganas de conocer, de entender a las personas que os rodean, de entender el mundo».

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