P. González fue víctima de algunas novatadas
P. González fue víctima de algunas novatadas - FOTOS CEDIDA A ABC
Comienza el curso universitario, retornan las bromas pesadas

El relato de los estudiantes que sufren novatadas: «Si no obedeces al veterano, no comes»

Los testimonios de los alumnos nuevos en colegios y residencias universitarias dan idea de una jungla sin ley consentida por los directores de los centros

MadridActualizado:

«Nos obligaban a hacer de todo en contra de nuestra libertad y, lo peor, es que no podíamos hacer nada para no quedar aislados», expone P. González, una joven que sufrió novatadas en un Colegio Mayor de la UCM. «Teníamos que aprender de memoria cosas absurdas y, si no lo hacías, no te dejaban comer o cenar en el comedor, es decir, si no obedecías a los veteranos, no comías» explica González, a lo que añade: «Por la noche, no podías quedar con nadie de fuera, solo podías salir con ellos y te obligaban a beber para que no te hiciesen bullying».

Para esta estudiante, una de las peores situaciones a las que se tuvo que enfrentar en el centro en el que estuvo viviendo durante un año, se daba cuando uno de los veteranos le ordenaba hacer una cosa (cómo abrir una ventana) y, cuando iba a hacerlo, otro le decía que no lo hiciese, de manera que recibía «amenazas por las dos partes», por lo que al final, según ella, «acababas siempre recibiendo el castigo por desobedecer una de sus órdenes hicieses lo que hicieses». Duchas de agua fría, amenazas, sentadillas, flexiones, insultos e, incluso, agresiones físicas, podían ser parte de las «consecuencias» por no someterse a su «dictadura».

Vandalismo y robos

Como relata González, todos los novatos debían superar duras pruebas que a menudo implicaban infringir la ley. Quemar banderas de diferentes instituciones, robar sillas de ruedas en un hospital, colarse en hoteles y otros centros, ir al aeropuerto en mitad de la noche y llevar al Colegio Mayor en cuestión pivotes de separación sustraídos allí o robar un pato del Retiro, son sólo son algunos de los ejemplos de algunas de las pruebas a las que se podían enfrentar antes de conseguir «bautizarse» como novatos. «Yo acabé muy harta pero me sorprendió como la mayoría de mis compañeros les hacían la pelota, claramente por miedo, y les defendían cuando yo les había visto llorar y sufrir por culpa de las novatadas», sentencia.

Los gemelos Bello
Los gemelos Bello

Por su parte, J. Pérez, de 18 años y que acaba de entrar a vivir en una residencia de Metropolitano, asegura «tener miedo» de los próximos meses. «Nos obligan a correr desnudos por la calle, nos hacen ir disfrazados a clase y nos asignan motes despectivos a cada uno de nosotros», explica, tras asegurar que no sabe como va a aguantar así todo el año. «Parecen una secta, muchos de los veteranos solamente se relacionan entre ellos mismos y no tienen amistades fuera de la residencia», afirma Pérez.

Círculo cerrado

De la misma idea es, R. Bello, quién estuvo en un Colegio Mayor pero consiguió librarse de las novatadas:«Para que me dejasen en paz tuve que amenazarles. Es triste tener que recurrir a esos métodos pero, cuando te ves en esta situación, entre la espada y la pared, no tienes muchas más opciones», asegura.

Por su parte, su hermano, M. Bello, que también estuvo en el mismo centro durante el periodo de novatadas, explica algunas de las novatadas a las que sometían a los nuevos y a las que ambos hermanos se negaron a participar. «Algunas noches, obligaban a nuestros compañeros a meterse en diversas fuentes públicas desnudos y salían de allí acatarrados», explica Bello, tras lo que continúa explicando que los veteranos trataban a los más jóvenes como esclavos al obligarles a realizar tareas como lavarles la ropa, llevarles la bandeja, etc. El joven estudiante explica que, aunque «puede parecer difícil de comprender» porqué la gente obedece ante estas presiones, la verdad es que estos lo hacen movidos por el miedo. «El mayor miedo que tiene un chaval que llega nuevo y solo a una gran ciudad es quedarse solo y los veteranos lo saben por lo que se aprovechan» doblegando sus voluntades y «convirtiéndolos en poco más que sus esclavos», expone.