La Real Fábrica de Tapices: nueva imagen para una vieja dama

La manufactura real abre sus puertas y desvela sus estancias secretas a ABC tras un profundo plan de recuperación

MadridActualizado:

La Real Fábrica de Tapices se ha renovado. No es un «lifting» superficial, sino una reconversión en profundidad. Una de las dos manufacturas reales que quedan en pie desde su creación en el siglo XVIII –y, desde luego, la más activa– ha logrado recuperar su protagonismo e incluso tener ingresos. Su renacimiento es ya oficial.

Se encontraba en grave peligro de desaparición y ahora, varios meses después, se la reconoce como una de las mejores fábricas textiles del mundo. Prueba de ello son los dos encargos internacionales que mantienen a sus ancianos telares en pleno funcionamiento, con la colaboración de grandes diseñadores contemporáneos que les están confiando la realización de sus nuevas alfombras. Entre ellos están Ágatha Ruiz de la Prada, Manolo Valdés o Alberto Corazón, cuya última obra se acaba de «cortar» en los telares. Prueba importante de su excelencia es el reconocimiento del Gobierno belga en conferirle el Premio de la Fundación Rey Balduino.

Piscina para lavar alfombras de la Real Fábrica de Tapices
Piscina para lavar alfombras de la Real Fábrica de Tapices - ERNESTO AGUDO

Parece que esta racha es la consecuencia de un estudiado plan de recuperación de la fábrica. En octubre de 2015, los camiones se agolpaban en su puerta a punto de embargar los telares por una deuda de 6,5 millones de euros. En aquella dramática situación, sus ingresos no llegaban a los 200.000 euros. La clave de este cambio se debió, quizás, a la llegada de un nuevo director gerente a su despacho de la calle de Fuenterrabía.

En esos momentos, el patronato de la fundación, compuesto esencialmente por el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, había decidido sustituir la gerencia. A ella se incorporó Alejandro Klecker, un técnico con ideas muy claras que venía del sector de la consultoría con actuaciones muy señaladas en otras Comunidades autónomas. Y llegó con el cometido clarísimo de salvar el viejo caserón y sus históricos talleres.

Se trataba de una persona idónea para desenredar el nudo económico apretado en estos telares durante años: «Tras revisar la situación y las cuentas, hicimos un diagnóstico y vi que era viable. Había que reestructurar la deuda, renegociar con proveedores, con acreedores, con clientes, remangarse la camisa durante un año durísimo y animar a los trabajadores que iban a estar diez meses sin cobrar sus sueldos. Tuvimos una serie de actuaciones en tres áreas diferentes, que son las que han llevado a encarrilar de nuevo la Real Fábrica, pero sin bajar la guardia y parece que está resultando», explica a ABC Klecker.

Sala de lanas de la Real Fábrica de Tapices
Sala de lanas de la Real Fábrica de Tapices - ERNESTO AGUDO

Las actuaciones fueron encaminadas, en primer lugar, a resolver el pago de la deuda por parte de las administraciones públicas, gracias a una subvención de 500.000 euros por parte de cada una. La segunda fue aprovechar casi 8.000 metros cuadrados de almacenes y antiguas oficinas que la Real Fábrica no utilizaba. En ellos se propuso realizar un proyecto con Loom House, una compañía a través de la que alquilan espacios de trabajo a 60 empresas. Entre ellas está la productora de Ana Pastor o el despacho de la Fundación Felipe González, que alberga y organiza su archivo personal. De este modo, el antiguo espacio ha demostrado que se puede combinar la más alta y sofisticada tecnología con productos artesanales y de lujo sumamente personalizados y exclusivos.

La tercera pata del proceso de recuperación fue la adjudicación por concurso de la explotación de algunas estancias de la fábrica para la celebración de eventos. Una actividad que aporta una parte importante de los ingresos. Por último, ha sido determinante la propia fabricación y venta de tapices y alfombras por encargo. Una actividad que ha sabido combinar diseños tradicionales y actuales, con nuevos trabajos reposteros –emblemas heráldicos en textiles– y alfombras para Presidencia del Gobierno, la Casa Real y particulares.

Entre sus actividades más singulares destaca la que lleva a cabo su unidad de restauración textil, puesta en marcha hace un año. «Ahora tenemos unas 60 personas –antes eran solo 38–. Todos nuestros técnicos son titulados superiores y hacen un máster aquí. Ese curso ha sido para nosotros otro de los puntos de inflexión este año, porque es el primer postgrado europeo de restauración de tapiz y textil europeo. Además, nos sirve de cantera, pues contratamos a casi todos los que salen de él», explica Klecker. Por si alguien no lo sabe, aquí no solo se tejen tapices y alfombras, sino que también se restauran y se lavan delicados mantones de Manila, terciopelos medievales o fundas de bastidor del siglo XVI.

Tradición y modernidad

La fábrica ha sabido conservar la tradición y actualizar sus técnicas. La mitad de los operarios y tejedores que trabajan concentrados en esas salas enormes entre urdimbres y tramas llevan mechas azules, auriculares, «piercings» y tienen una media de edad de unos 25 años. La otra mitad llevan un cuarto de siglo trabajando allí y son los auténticos maestros de este oficio.

Taller de la Real Fábrica de Tapices
Taller de la Real Fábrica de Tapices

Preguntarles por ello resulta un ejercicio fascinante. Lo explican con todo lujo de detalles, datos técnicos y hasta con cariño. Cuentan cómo son los sistemas de tintes, de nudos y de restauración en tapices, tejidos y alfombras con los que están trabajando. Cómo funcionan los dos grandes obradores, que parecen salidos de un cuadro de Vermeer, o sus telares gigantes con sus ruecas, tornos, canillas... Su almacén de lanas es todo un espectáculo.

Al fondo, atravesando el nuevo jardín tintóreo, se encuentra otro de los servicios de la Real Fábrica: la piscina de tapices. Es la única en Europa que funciona por capilaridad de inmersión y en ella se lavan las telas con agua y jabón con una fórmula neutra que no revelan. El proceso requiere de hasta siete restauradores tumbados a lo largo de la pasarela para cepillar suavemente y sin dañar los tejidos. Después, empapan esa mezcla jabonosa con unas esponjas a mano. No es trabajo para máquinas.

Junto a la piscina, el laboratorio de tintes tiene a Mercedes como una maga que manipula pipetas y ollas donde blanquear la seda. Es capaz de conseguir el tono exacto a las más de 20 gamas de grises que manejan o a los 400 de rojo. La desempolvadora, otra pieza única, es un túnel prodigioso de madera, una máquina de principios del XX, que es el mejor sistema de aspiración y de bateo para dejar las alfombra sin polvo y esponjosas. No se ha logrado mejorar sus resultados.