Troupe de acrobatas procedente de Corea del Norte
Troupe de acrobatas procedente de Corea del Norte - ISABEL PERMUY

De Pyongyang a Hortaleza con «escolta» las 24 horas

El Gran Circo Mundial ha logrado traer por primera vez en su historia a la Compañía Oficial de Corea del Norte donde se encuentran los mejores acróbatas del mundo capaces de hacer el difícil cuádruple salto mortal

MADRIDActualizado:

Kim Chol Guk y Hwang Kum Hui realizan el cuádruple y el triple salto mortal, respectivamente, como si de una simple pirueta se tratara. Pero lo cierto es que pocas personas en el mundo logran dar cuatro vueltas por los aires en los trapecios y es raro encontrar una mujer que de tres. Con ellos otros ocho norcoreanos componen el grupo de trapecistas de la Compañía Oficial de Pyongyang que por primera vez participan en un circo en España. Desde el pasado viernes y hasta el próximo mes de enero son la gran atracción del Gran Circo Mundial instalado en el Barrio de Hortaleza de Madrid (frente al Palacio de Hielo). «Son únicos, han superado a los mexicanos, brasileños y chinos, no hay nadie mejor que ellos», asegura a ABC José María González Villa, director fundador del circo que desde 1976 llena de magia las Navidades madrileñas. El rigor y la exactitud de todo lo que hacen en el espectáculo es el resultado de un estricto entrenamiento con profesores militares. En la república popular democrática de Corea del Norte, como ellos insisten que se escriba, el circo de su capital, Pyongyang, forma a los que hoy son los mejores del mundo.

¿Y cómo han llegado a Madrid? Pues no ha sido tarea fácil y se debe al trabajo y al esfuerzo de la dirección del Gran Circo Mundial que son conscientes de que es «la primera vez y puede que la última que les veamos aquí». Llegaron a un acuerdo con el director de la compañía norcoreana y con un agente en el mes de enero, en Montecarlo, en cuyo festival la compañía de Pyongyang ganó el Oro. «Ha sido muy complicado traerles a España porque en su país no hay ninguna representación gubernamental española», explica el director. «Hemos tardado cinco meses para conseguir visados, billetes y de más gestiones. Incluso para pagar ha sido difícil porque no podíamos usar la Visa», añade. Para amortizar la inversión les proporcionan un contrato de ocho meses y se les llevan de gira por otras ciudades como Sevilla y Bilbao. Les acompaña un «policía» que no les pierde de ojo porque el peligro de sacarles de su país «es que se puedan escapar». Además viene un jefe de montaje y una intérprete.

Hotel trolley

A pesar de apenas comunicarse con el resto de artistas por las limitaciones del idioma (solo hablan coreano) se les ve muy contentos en esta gran familia. Y no es para menos porque ellos han estrenado un hotel trolley de once habitaciones con baño, aire acondicionado y calefacción. Un juguetito que costará aproximadamente 200.000 euros, un lujo al que no están acostumbrados. Allí los norcoreanos se preparan su propia comida, arroz, como no podía ser de otra forma. «Ya han probado la paella», afirma a ABC la traductora del grupo, Cha Hyon A. Asegura que los 7 chicos y 3 chicas que forman el grupo están muy contentos, y muy concentrados en su trabajo. «Entrenan todos los días y cuando hay varias sesiones calientan y estiran muy bien. Además necesitan dormir mucho». De su vida en Pyongyang poco cuenta, nada de hablar de dictadura o represión sino de una vida «muy normal, donde hay mucha afición por el circo». Los artistas entrenan en la escuela y muchos viven con sus familias.

El rostro de estos acróbatas representa una edad muy superior a la real. Han venido de varias edades, 19 el más joven y el líder del grupo tiene 31 años. Normalmente con 35 dejan de actuar y se dedican a enseñar y entrenar. Son muy exigentes con ellos mismos porque sus superiores también lo son con ellos. Se les ve siempre muy concentrados, nada puede fallar. Pero en el saludo final del espectáculo, cuando todos los artistas realizan una coreografía de despedida escuchando «el circo es la razón de nuestra vida», una gran sonrisa les transforma. Un momento mágico en el que la rigidez del sistema en el que viven parece que se ha quedado muy lejos.