CURIOSIDADES DE MADRID

La procesión que acabó con Felipe IV al borde del asalto en el Convento de las Descalzas

Las calles del Madrid castizo, recorrido actual de las hermandades, ya lo fueron muchos siglos atrás

Imagen histórica de una procesión en Madrid
Imagen histórica de una procesión en Madrid - ABC

El viejo Madrid acoge durante estos días de Semana Santa la mayoría de las procesiones de la capital. Sus calles, estrechas y castizas, ya fueron el escenario de las estaciones de penitencia mucho tiempo atrás. Esta historia, enmarcada en el siglo XVII, es un ejemplo de ello; un episodio que acabó en riña a las puertas del Convento de las Descalzas, con el rey Felipe IV con la espada en guardia y custodiado por nobles y su guardia personal.

Si bien no ocurrió en Semana Santa, sí fue durante una procesión celebrada en la capital, aunque no se ha especificado cuál. Según narra José del Corral en su libro «Sucedió en Madrid» (La Librería. 2000), los hechos tuvieron lugar el 17 de junio de 1637, bajo el reinado de Felipe IV. Lo cierto es que era habitual que en estos eventos se produjeran riñas y tumultos. Tanto era así que se creó la figura de un Alcalde de Casa y Corte, con su respectivo ejército de alguaciles, para controlar a la multitud en estos casos. El Convento de las Descalzas era, normalmente, el epicentro de estos disturbios porque acumulaban al grueso de los asistentes, ya que era estación habitual en las procesiones.

El caso es que en esta ocasión, el revuelo fue mayor que en ocasiones precedentes. Se armó tanto jaleo que la ola de gente llegó al lugar en el que se apostaba el rey, sin saber muy bien lo que ocultaba la masa que se aproximaba. Su guardia personal lo rodeó automáticamente, espada en mano y en posición de defensa. También los nobles que lo acompañaban hicieron lo propio; en especial el duque de Híjar, según añade Del Corral. Aunque el monarca trató de sosegar a sus acompañantes, lo cierto es que él también cambió de mano el cirio procesional, desenfundado su espada con el mismo criterio que sus congéneres.

En cuestión de minutos, la procesión se convirtió en un conato de ataque al mismísimo Felipe IV. Nada más lejos de la realidad. El tumulto remitía a que uno de los presentes, el capitán «Mano de Fierro», le pegó una estocada a un cochero porque se negó a retirar a sus caballos, que al parecer le molestaban. El escrito que alumbra este texto añade que se llegó a dar una recompensa de 200 ducados para quien encontrara al huído capitán, del que no hay constancia de que llegara a ser apresado por esta cuestión.

Toda la actualidad en portada

comentarios