Chalé de los horrores

El presunto descuartizador de Majadahonda, pese a ser esquizofrénico, tenía licencia de armas

Bruno Hernández Vega guardaba un rifle para caza mayor en casa de su padre, en Móstoles

Bruno Hernández
Bruno Hernández - TELECINCO

Bruno Hernández Vega, el presunto descuartizador, sospechoso de la desaparición y muerte de su tía paterna y de su última inquilina en Majadahonda, tenía una licencia de armas para caza mayor, pese a su esquizofrenia. El rifle no estaba en el bautizado chalé de los horrores, propiedad de su familiar, Liria Hernández, y donde residía la argentina Adriana Gioiosa, sino que fue hallado en el registro realizado en el domicilio de su padre en el que vivía en Móstoles, el pasado 8 de abril.

Además, ahí también se encontraron otras dos armas cortas inutilizadas y que no requieren licencia, ya que son ornamentales. Para obtener un permiso de armas, en el caso de este sujeto el D (para las largas rayadas destinadas a cualquier animal salvaje mayor que un zorro), hay que tener licencia de caza en vigor, carecer de antecedentes penales y someterse a un examen psicotécnico, que se realiza en los mismos centros autorizados que los del carné de conducir. Para armas de fuego, la prueba incluye un test psicológico en el que se evalúa la impulsividad y agresividad del sujeto y un examen físico (vista, oído, reflejos...). Además, se debe superar un prueba teórica y otra práctica y el certificado que se otorga, con una validez de cinco años, autoriza a usar hasta cinco armas y es renovable. Quizá por ello, el acusado de la desaparición y asesinato de las mujeres, de las que trató de deshacerse en la trituradora casera, tal y como desvelaron los restos de ADN hallados en mayo, no usó el rifle. A su tía Liria se le perdió la pista a finales de 2011 o principios de 2012. Él era el único que mantenía contacto con ella a la que, según explicó a su padre, ingresó en una residencia en Ávila.

El estudio caligráfico realizado por la Guardia Civil reveló, como adelantó ABC, que falsificó la firma de su pariente en el documento en el que ella le cedió el usufructo del chalé. El acusado compró la trituradora antes de que acabara con la vida de Liria, a cuenta de una empresa familiar. Luego, repitió el mismo guión con Adriana, su última inquilina, a la que se vio por última vez el 30 de marzo. También falsificó su rúbrica en la carta en la que se despedía de su empleo.

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