Tribunales

El presunto descuartizador de Majadahonda: «No maté a mi tía porque era de la hermandad»

«¿Quien es esa?», inquirió el acusado cuando le preguntaron por Adriana, su inquilina y segunda víctima

Demostró tener una memoria selectiva: no recordaba nada incriminatorio, pero sí los detalles de su sociedad secreta

El procesado, junto a su letrado en el jucio, este martes
El procesado, junto a su letrado en el jucio, este martes - DE SAN BERNARDO

No recuerda absolutamente nada, sin embargo, sostiene a toda costa que no ha cometido ningún delito. Que no mató ni trituró después los cuerpos de su tía Liria Hernández en una fecha por determinar de 2010 y el de su inquilina Adriana Gioiosa el 1 de abril de 2015, hechos por los que está acusado. Se trata de Bruno Hernández Vega, de 34 años, el presunto descuartizador de Majadahonda que ayer declaró en la primera sesión del juicio con jurado popular que se celebra en la Sección 30 de la Audiencia Provincial de Madrid.

Sus «no lo sé» y «no me acuerdo» repetidos hasta la saciedad salpicaron, prácticamente, todas las respuestas del interrogatorio al que fue sometido por todas las partes, salvo las comprometedoras. Porque su memoria resultó ser selectiva. «Yo no he matado a nadie. No he cometido ningún delito. No hice nada ilegal. Lo único que sé es que estoy fuertemente medicado y solo me interesa la "Hermandad ER"».

Una supuesta sociedad que él creó integrada por políticos y dirigentes de todo el mundo que llevan las letras «e» y «r» de los Hernández en sus nombres y apellidos y sobre la que habló largo y tendido, evocando todo tipo de detalles. «Colaboro y coopero con el Ministerio del Interior y vivo en él, ahí me medican, tomo siete pastillas al día», explicó. Ese fue el discurso que mantuvo el procesado, tranquilo y seguro, durante los 35 minutos en los que estuvo sentado en el banquillo ante el tribunal.

«¿Qué chalé? ¿En que año estamos?

También recuperó la memoria cuando la fiscal le interpeló, a requerimiento del jurado, que por qué aseguraba que no había asesinado a su tía si no se acordaba de nada. «No maté a mi tía porque es Hernández Hernández», replicó, impertérrito, en alusión a la hermandad, a preguntas de la representante del Ministerio Fiscal.

Sin embargo, ante las evidencias que le comprometían, volvió a no saber explicar porqué tenía la trituradora en el garaje del adosado de su tía situado en la calle de la Sacedilla de Majadahonda –«¿qué chalé?», llegó a replicar a la acusación particular–, ni las manchas de sangre o el serrucho con el que supuestamente cortó su cuerpo ni los machetes hallados en el sótano, o un broche con las iniciales de su pariente o su DNI en la habitación que tenía en casa de su padre en Móstoles. Tampoco supo precisar cuándo vio a la mujer por última vez. «¿Estamos en 2017? No recuerdo», replicó a la Fiscal. No obstante, volvió a ser tajante cuando le preguntaron si falsificó su firma para que le cediera el uso de la casa y el certificado de empadronamiento. «No, no», dijo inalterable y contundente.

«¿Quién es esa?», replicó, más tarde,al abogado de la acusación cuando le interpeló por Gioiosa, la argentina de 54 años a la que le tenía alquilada una habitación. Tampoco recordaba qué hacían en su dormitorio dos móviles, uno de ellos con la carta de autodespido que supuestamente la desaparecida echó debajo de la puerta en la hamburguesería en la que trabajaba, ni sus cadenas, anillos, medallas, ni las armas de fuego... «Estoy aquí por la muerte de una mujer, eso me ha dicho mi abogado, pero no recuerdo quién es», le aseveró al ser interpelado al respecto.

Estrategia de su defensa

A quien contestó largo y tendido, con todo tipo de detalles sobre la «ER» fue a su letrado. Todas sus preguntas versaron sobre este punto, en una clara estrategia de demostrar que la esquizofrenia paranoide episódica que padece, según la Fiscalía, y permanente según su defensa, le incapacita. «Solo hablo con mi abogado, coopero con gobiernos y colaboro con el Ministerio del Interior cuyo primer ministro es Jorge Fernández Díez», incidió.

«¿Solo se relaciona con la hermandad?, le inquirió su defensa. «Sí, soy descendiente de ella y la integran personas como Aguirre, Cameron, Theresa May, Juncker y Berlusconi... con la Warner. Siempre con gente u entidades que tengan la "e" y la "r". Esquizofrenia también tiene esas letras...

En un intento de demostrar que lo que decía era cierto, mostró un carné de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Relató que quiso hacer el servicio militar, pero que no se lo permitieron por sus «alteraciones». Además, detalló que habla inglés americano y alemán y que pidió un intérprete en castellano en su declaración ante la Guardia Civil. Sobre sus cuatro ingresos en psiquiátricos, se limitó a contestar:«Creo que sí, que estuve en el Universitario en la Península Ibérica. Por último, el acusado dijo que «no recordaba haber firmado ningún documento», en relación a los registros del chalé de la Sacedilla que su letrado trata de invalidar.

«Mi hermana iba a regresar a Argentina a finales de ese año. No me llamó para mi cumpleaños y supe que algo ocurría»
Muy sentida fue la declaración de Eduardo Gioiosa, hermano de Adriana, la inquilina desaparecida. Relató como ella llegó a España para trabajar en 2002 y pensaba marcharse a finales de 2015. «Se dañó la muñeca en Buenos Aires cuando fue a vernos y le escayolaron la mano. Cogió el vuelo el 29 de marzo y la madrugada del 30 me puso un Whatsapp al llegar a Madrid. Me dijo que me llamaría por mi cumpleaños el 1 de abril; no lo hizo. Era la primera vez que no me felicitaba. No había manera de contactar con ella, por eso vine a España el día 6. Fue a buscarla al chalé.

«Vengo a buscar a Adriana o a su cuerpo», le dijo el hermano de la inquilina al acusado. «Sospeché de él desde el principio. Intenté ir a su habitación y no me dejó. No me gustó, me seguía y me pidió mi documentación porque decía que no sabía quien era. Pensé que estaría ahí muerta. Me equivoqué».

El casero le dijo: «Se ha ido, se ha llevado todas sus cosas». A partir de ahí, puse la denuncia y recibí un mensaje en el que decía que se había enamorado de Mohamed, que le había regalado un piso en Roma... Sabía que ella no había escrito esas palabras». Así alude a la supuesta coartada del acusado.

La Fiscalía pide 26 años para Bruno pero le aplica la eximente incompleta de enajenación mental. Por ello, solicita su ingreso en un psiquiátrico. La acusación, 24 años y la defensa, la absolución.

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