Fachada exterior del templo, en pleno calle de Embajadores
Fachada exterior del templo, en pleno calle de Embajadores - BELÉN DÍAZ

Parroquia de San Millán y San Cayetano: La bella desconocida

El templo, ejemplo de multiculturalismo y devoción, celebrará a su patrón el día 7

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Todo en la iglesia de Embajadores 15, del Madrid de Lavapiés, es una sorpresa. «Adelante, por favor, —me dice una hacendosa señora— allí está don Clemente siempre sonriente». Don Clemente, sacerdote menudo, alegría de Evangelio, treinta y seis años en esta parroquia, en este barrio, por estas calles, memoria viva del pueblo, que lo mismo te cuenta la anécdota de la última visita de la abuela de nuestro Rey que la conversación de no hace mucho con una joven que abandonó a sus hijos enganchada al jinete del apocalipsis de la droga.

Don Clemente es, además, un artista y se tomó en serio lo que el Señor de San Damián le dijo al Poverello. «Reconstruye mi Iglesia». Lo mismo trabaja con el pan de oro que dirige la operación de limpieza de una de las torres. Por cierto, el sacerdote vicario parroquial es Santos Valetín Urías. Anduvo en los periódicos no hace mucho como miembro del comisionado histórico madrileño. También celebra la eucaristía aquí el sacerdote jubilado Gerardo Raya.

Otra sorpresa. El templo. La calle Embajadores, inquieta, multicultural, no nos permite la perspectiva suficiente para descubrir la magnificencia del templo. Hay que atravesar el pórtico solemne, que recibe al viandante con una llamada a la caridad, siempre necesaria en este barrio, para toparnos con una de las joyas recónditas de la Iglesia en Madrid. La «bella desconocida» de san Millán y san Cayetano. Hablar de la historia de este templo obliga a citar a los Teatinos, de cuando el Madrid de los embajadores ante la Corte y los campos extranjeros, que también se denominaba así a esa zona. Los Teatinos, grandes limosneros, construyeron en el lugar de la ermita de Nuestra Señora del Favor y san Marcos. Cuentan las crónicas que el templo se inauguró un 5 de agosto de 1761, siendo arquitectos Marcos y José López, continuando las obras José de Churriguera y Pedro de Ribera, vecino del lugar, aquí por cierto enterrado, finalizadas por Felipe Moradillo. El templo sufrió durante la Guerra Civil, el fuego se cebó con el continente y con el contenido. Fernando Chueca Goitia evitó su hundimiento con una reconstrucción que exhala el espíritu de la antigua.

Patrono de la Providencia

Más sorpresas. Dos devociones que dan vida a la parroquia, síntesis de nuestro pueblo. San Cayetano, el próximo 7 de agosto, con carroza cedida por el Ayuntamiento y los claveles que los jóvenes arrancan. Por miles se reparten a quien se acerque a venerarle. Un clavel de san Cayetano, el patrono de la Providencia, garantiza, según la tradición, trabajo. Son muchas las personas que, a lo largo del año, besan los pies del santo para dar gracias a Dios por haber salido de las estadísticas del paro. La Cáritas de la parroquia también es san Cayetano. Y como dice don Clemente, «aunque somos pobres, nunca nos ha faltado nada, ni para pagar la luz, el agua, el alquiler, a quien lo necesita, porque ahí está san Cayetano».

Por cierto, la caridad en el barrio es la de las Hijas de la Caridad de Mesón de Paredes, esa maternidad del viejo Madrid, de la que fue médico el padre de Julio Iglesias. Las Hijas de la Caridad son las madres Teresas de Calcuta de estas calles, de estas casas, de este pueblo. Y también, en su carroza peregrina, la Virgen del Rocío, que no en vano esta parroquia es sede de su Cofradía principal en la capital de las Españas peregrinas. El coro rociero de la misas del último sábado de cada mes es una explosión de gloria y alegría que no tiene precio.

San Millán y san Cayetano es la Iglesia de un Madrid que no ha dejado de serlo. Un Madrid siempre castizo y que también es chino, latinoamericano, senegalés, árabe. De un Madrid que hay que pasear para entender. De un Madrid de corazón inmenso en el que nadie se siente extranjero. De un Madrid que trabaja, antes en oficios, en pequeños comercios, que hace vida en la corrala. De un Madrid generoso, de tradiciones. De un Madrid que no ha dejado de rezar a sus santos, que son los de los Reyes, de los cortesanos, de las chulapas y los mendigos. El próximo día 7, a Embajadores, a san Cayetano.