Ignacio Aguado

La paciencia tiene un límite

El portavoz de Ciudadanos en la Asamblea escribe en ABC sobre el escándalo de la presidenta regional

Ignacio Aguado
MadridActualizado:

Desde el pasado 21 de marzo, los madrileños vivimos instalados en un constante sobresalto. En pocos días, hemos pasado de la incredulidad a la más absoluta indignación ante el aluvión de pruebas documentales que acreditarían un injustificable trato de favor por parte de la universidad pública hacia la, todavía hoy, presidenta de la Comunidad de Madrid.

Las informaciones que han ido publicando distintos medios de comunicación han destapado una presunta trama de corrupción universitaria que ha desencadenado tanto el inicio de una investigación judicial como el fin de una etapa política en nuestra región.

A día de hoy, la Fiscalía ya está examinando las presuntas irregularidades halladas en la gestión de los expedientes y títulos expedidos por la Universidad Rey Juan Carlos en favor de distintos cargos públicos. Media docena de profesores y funcionarios se han visto obligados a comparecer ante la policía para tratar de defender su honorabilidad. Varios de ellos han declarado bajo juramento que Cristina Cifuentes nunca fue a sus clases y que los documentos elaborados por un catedrático vinculado al PP para tratar de justificar su título serían, lisa y llanamente, falsos.

No sé si entre los más de 240.000 alumnos de grado y de máster que hay en la Comunidad de Madrid queda alguno que piense que Cifuentes fue «una más» de las asistentes al citado Máster en Derecho del Estado Autonómico. Su tutor, acusado de regalarle sobresalientes sin trabajo ni examen que los justifique, le proporcionó un plan de estudios a la carta, como ella misma ha admitido. Y mientras la presidenta disfrutaba, al parecer, de una modalidad de estudios VIP reservada solo a privilegiados con carné del partido, el resto de alumnos tenían que compaginar trabajo y estudios o recurrían a la ayuda de sus familias para poder completar su formación.

Sin embargo, en lugar de admitir los hechos y ofrecer explicaciones convincentes, Cristina Cifuentes ha emprendido una huida hacia adelante. En una carrera a la desesperada, ha hablado de conspiración, de cacería, ha encendido el ventilador de las acusaciones y ha disparado contra el mensajero. No ha dudado en anteponer sus propios intereses a los de miles de estudiantes universitarios, que ven cómo se hunde el valor de sus títulos y el prestigio de su universidad sin que a nadie en el PP parezca importarle.

Durante más de 20 días hemos exigido desde Ciudadanos explicaciones convincentes, hemos tratado de impulsar una comisión de investigación que depurase todas las responsabilidades políticas en sede parlamentaria y hemos solicitado un pleno extraordinario para que los madrileños pudieran conocer la verdad. De todo ello, sólo ha tenido lugar la comparecencia extraordinaria en el Pleno de la Asamblea donde Cifuentes contó de todo menos la verdad.

La paciencia en política tiene un límite. El nivel de degradación que puede soportar la comunidad universitaria, también. Esta situación, junto a nuestro compromiso irrenunciable con la regeneración, son las razones que nos ha llevado a reclamar la dimisión de la presidenta regional y el nombramiento de un candidato alternativo de su propia formación que pueda pilotar la Comunidad de Madrid de forma interina hasta las elecciones autonómicas de mayo de 2019.

Es su responsabilidad, como lista más votada en los últimos comicios, designar a una persona que evite la inestabilidad que provocaría un cambio de gobierno a apenas un año de las elecciones. De lo contrario, la segunda lista más votada tendría que tomar el mando; supervisada y condicionada, eso sí, por Ciudadanos, tal y como hemos venido haciendo hasta ahora con el partido conservador.

Al margen de lo que pueda suceder en los próximos días, desde Ciudadanos seguiremos trabajando por una universidad limpia, que deje atrás la endogamia, la burocracia y los intentos de politización por parte de los viejos partidos. Seguiremos defendiendo las reformas que garanticen su prestigio, rigor y transparencia. Seguiremos denunciando a quienes pretendan aprovecharse de ella y no pararemos hasta volver a situarla en el lugar que merece.

POR IGNACIO AGUADOPOR IGNACIO AGUADO