El «Niño Sáez» sale del juzgado de Plaza de Castilla, en 2013 - JOSÉ RAMÓN LADRA

El «Niño Sáez», de quinqui de barrio a narco de oro

El delincuente acumuló millones de euros en Bolsa y varios inmuebles a golpe de alunizajes y lanza térmica

MADRIDActualizado:

A Francisco Javier Martín Sáez (Madrid, 1980) le perdían el dinero, las mujeres, la fiesta, los esteroides y el «perico», y no tenía que ser en ese orden. Una vida llevada al extremo que comenzó a forjarse en las calles de su barrio, Puerta del Ángel, las mismas donde se grabó la serie «Sin tetas no hay paraíso», en la que el dinero, las mujeres, la fiesta, los esteroides y el «perico» eran los protagonistas. Lo que son las cosas.

Se convirtió en un habitual en las páginas de sucesos allá por el año 2000. Cinco años después, ya cuando contaba antecedentes por decenas, la Policía Nacional le arrestó en la operación Bravo, la más importante llevada hasta entonces contra un entramado de aluniceros: 17 arrestos y 1,5 millones de euros recuperados en las acciones que el clan invertía en Bolsa. Y otros 4 millones en cajas de seguridad y 30 cuentas bancarias. Entonces, se registró el piso donde vivía con su madre, en Saavedra Fajardo, 5, cerca de donde ayer le dieron muerte. La mujer tenía en una caja fuerte 145.000 euros... En total, 50 millones en efectivo, valores e inmuebles habían amasado estos delincuentes.

Porque uno de los destinos de lo que robaba Sáez era el negocio inmobiliario. Tenía incluso un bloque entero de cuatro plantas y propiedades en una zona de lujo de Marruecos, donde también cuenta con inmuebles el propio rey Mohamed VI.

El Niño ha corrido la misma suerte que sus compañeros de fechorías Carlos Jarry y El Pimiento, también asesinados por creerse más listos que sus enemigos. De aquella primera estirpe apenas queda activo ya «El Moha». El lugarteniente de Francisco Javier, Ismael Arriero Valcárcel, «El Troll», escapó de la Justicia por los pelos del asalto, en noviembre de 2011, al depósito de drogas de Málaga (120 kilos de cocaína), pero fue apresado por el robo, en un almacén de Ciudad Lineal, de relojes de lujo valorados en 12 millones, el mayor que se conoce. A Sáez se le investigó por este y también por la sustracción un tiempo antes de otros 11 millones en piezas de las mismas marcas «premium», en Francisco Silvela. Pero acabó entre rejas y de manera preventiva, con su compinche «El Libanés», por la droga malagueña.

Adicto a los veranos en Ibiza, incluso reventó la caja fuerte del ferry que le llevaba a la isla. Allí también fue detenido por una reyerta a navajazos con otro delincuente, Sergio Vega Fernández, «Giogio». Estuvo en el punto de mira por la sustracción de 400.000 euros de una discoteca e incluso se peleó con un grupo de la Camorra que intentó quitarle su Rolex de oro. Se ha llegado a llevar botellas de oxigeno del hospital Can Misses, para utilizarlas con sus lanzas térmicas.

En febrero de 2013, una nueva detención: intentaba reventar una joyería de La Elipa aprovechando un partido entre el Madrid y el Manchester. Al saber que llegaba la Policía, se escondieron en un bar como si fueran parroquianos que acudían a ver el encuentro, pero la treta no coló. Al día siguiente, salía tan campante de los juzgados de Plaza de Castilla.

Porque Sáez sabían jugar con los resortes legales: el robo con fuerza, aquel en el que no se ejerce violencia ni intimidación contra las personas, apenas está penado. Pero cuando ya entras en el mundo del narcotráfico, la cárcel es lo que menos preocupa. Lo importante es salvar la vida.