Cristina Cifuentes, en la comparecencia ante los medios de comunicación que tuvo lugar tras la celebración del pleno
Cristina Cifuentes, en la comparecencia ante los medios de comunicación que tuvo lugar tras la celebración del pleno - ÁNGEL DE ANTONIO

El máster de Cifuentes reabre viejas heridas en el PP de Madrid

Las tensiones hacen aflorar facciones enfrentadas, y algunos dirigentes denuncian haber sido excluidos

La URJC manda a la Fiscalía el caso del máster de Cifuentes

MADRIDActualizado:

Iinquietud. Es lo que se respiraba ayer en la Asamblea de Madrid, por el que ya empieza a conocerse como «mástergate»: la polémica en torno al máster que cursó Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos. Un asunto que ha tensado hasta límites insospechados a los populares, y ha vuelto a reabrir algunas heridas no tan viejas y no tan cerradas como se pensaba.

«La gente está muy preocupada», explicaban fuentes populares, que reconocían que la situación era «muy complicada». Tanto, que incluso entre los diputados populares habían quienes especulaban con posibles «sustitutos» para el caso de que se tomaran decisiones drásticas. Y todos apuntaban en dos direcciones: el «sucesor natural» sería Ángel Garrido, segundo de Cifuentes y actual portavoz del Gobierno. Pero al parecer, algunos en la sede nacional del partido le ven demasiado continuista con la presidenta, y preferirían otra opción: la de Pedro Rollán, ex alcalde de Torrejón –fue el más votado de España en 2011– y actual consejero de Medio Ambiente.

Él negaba la mayor: «Yo vine aquí por ella y si ella se fuera, yo la seguiría cinco segundos después», afirmaba a ABC. Pero el mismo hecho de que se abrieran «facciones» ante un futurible como la marcha de Cifuentes da idea de hasta qué punto ha cundido la inquietud entre las filas populares.

Cundía el desánimo entre algunos cargos populares, convencidos de que la presidenta debía «irse ya» porque no terminaba de aclararse su situación. Se lamentaban especialmente con el argumento de que «justo la persona que decía haber venido a regenerar el PP de Madrid, nos puede hundir más que nunca».

Resucitados

Cifuentes llegó a la dirección del partido tras la dimisión de Esperanza Aguirre, y desde entonces inició un proceso de renovación que ha dejado en tierra a algunos sectores, además de acabar oficialmente con el llamado «aguirrismo» que imperó entre los populares durante décadas. Pero ante momentos de dificultad, las tensiones afloran y parecen resucitar sensibilidades que se dieron por muertas.

Otro frente abierto ayer en la Asamblea de Madrid fue el de los alcaldes populares: se supo –porque se hizo público– que una treintena de alcaldes y portavoces populares de la región acudirían a la Asamblea a apoyar a su presidenta: los de Las Rozas, José de la Uz; Collado Villalba, Mariola Vargas; el de Villanueva de la Cañada, Luis Partida; el de Majadahonda, Narciso de Foxá; el de Galapagar, Daniel Pérez; o la de Colmenarejo, Nieves Roses, entre otros.

Pero hubo alcaldes populares de localidades de peso que no fueron llamados, ni convocados, ni avisados de esta iniciativa, y se lamentaban de ello. Algunos consideraban incluso que se les había «excluido; ya no cuentan conmigo para nada». Los diputados populares no sólo siguieron la intervención de Cifuentes con interés; también consultaban los titulares que iban apareciendo en las ediciones digitales de los periódicos, con seguimiento en directo del acto, que despertó un enorme interés mediático.

Para muchos de ellos, como señalaba un experimentado diputado popular, la situación es la más delicada que habían vivido en muchos años. «Los que son diputados aún saben que estarán hasta el final de la legislatura, pero hay cientos de personas aquí que dependen de que Cifuentes siga en su cargo».

Quedaba por saber cuál sería la actitud de Ciudadanos, aunque en este sentido, los populares dan la impresión de confiar más en ellos de lo que podría parecer por su tirante relación pública. En el fondo, apuntaban fuentes populares, aunque en muchas votaciones se pongan del lado del PSOE y hasta de Podemos y les echen abajo iniciativas que llevaban a pleno, o aprueben otras con las que el PP no comulga, saben que hasta la fecha, en las grandes decisiones –como la moción de censura de Podemos, o las leyes de presupuestos de cada año–, Ciudadanos siempre se ha comportado como el socio con el que firmaron el pacto de investidura.

La decisión de Gabilondo de plantear la moción de censura inquietaba a los populares, pero sólo hasta cierto punto: el éxito o el fracaso de esta medida vuelve a depender de Cs: simplemente con su abstención podría hacer que saliera adelante la iniciativa socialista, que ya cuenta con el apoyo incondicional de Podemos. Y al menos de momento, la formación naranja no parece dispuesta a dar su voto a esta moción. No sin que antes se produzca una comisión de investigación que, por muy rápida que fuera, no estaría concluida hasta finales de este mes.