Vídeo: Aumentan los robos en España los días previos a Navidad - ATLAS

Más de 150 menores roban a diario de manera impune en el centro de Madrid

La lasitud de la Ley lleva a que en Sol y Gran Vía, «la situación por los hurtos sea horrible, escandalosa», critica la Policía

MADRIDActualizado:

Los cuatro tienen las capuchas de sus parkas embutidas hasta las orejas. Pero no lo suficiente como para que, si se afina la vista, no se les pueda ver unos ojos que se han vuelto felinos de tanto buscar lo ajeno. A uno de ellos, que debe de rondar los 15 años, también se le aprecia la mitad de una enorme cicatriz en el lateral derecho de su cara. Otro hace como que trastea en su teléfono móvil, de última generación, enganchado a sus auriculares. Son solo algunos de esos «niños silvestres» que rondan, de la mañana a la noche, las calles y plazas más concurridas del centro de la capital. Hay más de 150 como ellos, que no han cumplido los 18, según los datos que maneja la Policía Nacional, que hacen del robo su «modus vivendi».

En la Puerta del Sol, junto al lugar donde Valle-Inclán perdió su brazo en julio de 1899 durante una pelea de taberna, se levanta ahora la tienda de Apple, icono de la tecnología puntera. Allí, el pasado puente de diciembre dos menores, uno de 13 y otra de 16, del Este de Europa, arramplaron con 11.000 euros en iPhone de mil cada uno a mordiscos. Tal cual. Rompieron los cables con que estaban anclados los terminales en sus expositores con los dientes, evitando incluso que sonaran las alarmas. Y durante tres días consecutivos. Hasta que los policías nacionales de la comisaría de Centro dieron con ellos gracias a las cámaras de videovigilancia.

El varón, sin embargo, ni siquiera pudo ser detenido. Es inimputable, al no haber alcanzado la edad mínima penal, los 14 años. Son chavales, como en este caso, controlados por las mafias, que saben muy bien que la legislación contra estos adolescentes juega a su favor. Los agentes de ambos Cuerpos tienen claro que esa es la piedra angular del problema. Muchos se muestran frustrados: «Hemos hecho de todo. Hasta un dispositivo con furgonetas camufladas y cuatro funcionarios para trasladarlos al Grume; pero, mientras que no se cambien las leyes, esto no tiene solución». También señalan a parte de miembros de la Fiscalía y de los Juzgados de Menores que, a su juicio, no hacen lo suficiente por acabar con esta lacra: «Los ladrones entran y salen con total impunidad».

Muchos de los menores están acogidos en el centro que la Comunidad de Madrid tiene en la calle de Arturo Soria, del que pueden entrar y salir. Es muy frecuente verles deambular, en busca de algo que «pillar», por la parada de autobús que tienen en la misma puerta o por las terrazas del centro comercial que está justo al lado.

Mafias del Este

La situación se agrava por las tardes y durante los festivos y fines de semana. Si bien en el resto del año la estadística de hurtos en el distrito de Centro se ha venido controlando con la puesta en marcha de planes especiales; desde que comenzó la campaña de Navidad y, muy especialmente, en el pasado puente de la Constitución y de la Inmaculada, los casos de robos al descuido se han incrementado. Especialmente, los cometidos por menores de edad.

Los que son rumanos suelen malvivir bajo el yugo de mafias, muchas asentadas en El Gallinero, la Cañada Real o San Fernando de Henares; pero también los hay latinoamericanos, magrebíes y españoles, que son minoría y trabajan por su cuenta.

Tanto fuentes del CNP como de la Policía Municipal consultadas por este periódico coinciden en que la situación «es horrible, escandalosa». Son las nueve de la mañana y el «Kilómetro 0» y sus aledaños se empieza a llenar de adolescentes que deberían estar en clase. Pero lo que les espera es su particular «jornada laboral», que puede durar hasta las diez de la noche.

«El objeto de deseo son los teléfonos móviles. Se han dado cuenta que trae más cuenta robar esos aparatos, que como mínimo cuestan 100 o 200 euros, que las carteras», explica un agente. «Están continuamente dando vueltas. Las terrazas de los bares son los lugares donde más roban. Lo de la calle de la Montera es tremendo. Es una de las zonas más castigadas. En cambio, los camareros de la Plaza Mayor están mucho más concienciados y, en cuanto ven a alguien sospechoso, lo echan de allí o avisan a la Policía, por eso es uno de los enclaves más seguros en este sentido», añaden.

El 90%, víctimas de fuera

En cuanto a las víctimas (y en porcentaje similar, también los autores), el 90% son extranjeros que se encuentran de visita en nuestro país. Así, los rateros se aseguran que buena parte de los hechos ni siquiera se denuncien; o que no se llegue a juicio, puesto que los damnificados no van a regresar a España para algo que no les trae cuenta.

Si la tienda Apple es el santuario para los que buscan tecnología, en el Primark de la Gran Vía convergen dos tipos de ladrones: por un lado, los consabidos que se llevan prendas sin comprarlas, habida cuenta de que no tienen alarmas porque cuestan más que el género que se vende. Pero también están los carteristas que acuden allí al calor de la muchedumbre que se arremolina en sus cuatro plantas.

«Hay seis mangantes por cada piso, con lo que, prácticamente de manera constante, existen más de veinte personas robando a los clientes en ese establecimiento», añaden fuentes policiales, que critican la pasividad de la vigilancia privada allí contratada: «Para algunas empresas es mejor que no se monte jaleo en su comercio que el hecho de que les roben. Pero no entienden que, si estamos acudiendo constantemente a esos lugares, se detraen efectivos para otros servicios que pueda requerir el ciudadano».