Dos de lo operarios rematando ISABEL PERMUY

Una limpieza de muerte

Los expertos en borrar restos de cadáveres olvidados, asesinatos o suicidios son tan necesarios como desconocidos. Varias empresas se encargan de sanear y descontaminar esos escenarios

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Están especializados en la denominada «limpieza extrema o traumática». Su objetivo es eliminar los restos de la muerte que deja un cuerpo tras haber sido víctima de un asesinato, un suicidio, un fallecimiento natural que ha caído en el olvido o el de los aquejados por el síndrome de Diógenes. Es un servicio ingrato, desconocido a la vez que imprescindible. Lo demandan los familiares, que, al tiempo que tienen que asumir la pérdida, deben encargarse de dejar el escenario de la tragedia como una patena. Y, en estos casos, no se trata simplemente de eliminar polvo o de fregar suelos o azulejos, sino de combatir el hedor, retirar restos biológicos si los hay (sangre, fluidos), así como exterminar bacterias y agentes patógenos.

De ello se encargan un par de empresas madrileñas que han visto en este campo un nuevo nicho de mercado. La labor de estos profesionales comienza una vez que la Policía, el forenses y la autoridad judicial han retirado el cadáver y han acabado con su trabajo, si ha sido necesario. Actúan una vez desprecintado el recinto en el que ha ocurrido la tragedia. Su lugar de trabajo suelen ser casas, portales o la vía pública.

La mayoría de sus intervenciones son por los fallecimientos desatendidos o en soledad (75%). Así lo explica José Escalada, responsable de Geindepo, una compañía de limpieza y reformas que puso en marcha en 1994 y fue especializando por áreas hasta acabar en 2009-2010 creando un departamento para casos traumáticos que trabaja a nivel nacional.

A los casos de muerte natural les siguen los suicidios (15%), que se han disparado por la crisis económica; los fallecimientos de quienes mueren rodeados de basura (9,8%) aquejados por el síndrome de Diógenes, y, el resto, a a homicidios.

«¿Esto lo cubre el seguro?»

Desde su origen, en poco más de cinco años, este departamento ha realizado 466 servicios, con una media de seis o siete al mes. No les falta clientela, pues cuando una familia se ve sumida en una desgracia de este tipo se siente desbordada, además de culpable en ocasiones, asegura Escalada. «¿Esto lo cubre el seguro?», suele ser la pregunta que realizan a los encargados de los servicios funerarios o sanitarios. Ante su negativa, acaban poniéndose en manos de empresas como estas. El departamento de Limpieza Extrema de Geindepo lo integran cinco operarios especializados y formados en técnicas de desinsectación, desinfectación, desodorización, fumigación y ozono. No suelen saber qué ha ocurrido ni tampoco preguntan.

Tacto y discreción

«Hay que tener humanidad, tacto, ser respetuosos, prudentes y discretos, además de ágiles en el trabajo», asevera. «Los allegados quieren devolver el lugar a su estado original cuanto antes, no suelen estar presentes por las secuelas psicológicas añadidas que pueden sufrir ante la dureza de las imágenes. Hay que tener en cuenta que a veces ellos han encontrado el cadáver o lo han tenido que identificar».

El encargado de la empresa visita el inmueble y después, entrega el presupuesto por correo electrónico. Si le dan el visto bueno, les facilitan las llaves y acuden los operarios necesarios en función de los restos que haya que eliminar. «El primer impacto que recibes es el olor, un termómetro que indica, aproximadamente, cuándo se ha producido el fallecimiento. El segundo es el visual: sangre, insectos, parásitos o basura, y el tercero, en los casos más complejos, no se ve: como las larvas, huevos o restos biológicos que han traspasado materiales y requieren que se levanten marcos, puertas, moquetas...», explican Fernando y Julián, dos de los expertos.

El primer impacto que reciben los expertos en limpiezas extremas es el olor; luego, el visual (sangre, insectos, parásitos...)Actúan como cirujanos, extreman las medidas de seguridad y van equipados con trajes desechables

Actúan como «cirujanos». Extreman las medidas de seguridad y van equipados con trajes impermeables, transpirables y desechables, así como de mascarillas con filtros, calzas y guantes. Con sus útiles, comienzan a «operar». Lo primero que hacen es un tratamiento de choque con ozono, un gas diez veces más potente que la lejía y que sirve para desinfectar. Después, si es preciso, retiran los elementos contaminados, luego desinsectan y fumigan para acabar con los bichos y sus huevos para rematar con ozono. En ocasiones, les solicitan que vacíen la vivienda entera.

«Los precios varían en función de la duración y la complejidad del tratamiento. A veces, es preciso hacer hasta tres intervenciones, por lo que el procedimiento puede durar de 3 a 7 días. El precio medio se sitúa en torno a los mil euros, asevera Escalada. Los residuos los incineran o los arrojan en un punto de vertido controlado, tras ser precintados.

«Los que más nos impresionan son los casos en los que las víctimas son niños, a pesar de que nos aislamos y nos tomamos nuestro trabajo como el de un médico», tercia Julián. «Al principio es duro; luego, lo mas molesto para mí es el olor, que se impregna en la piel. Se tienen que pasar horas hasta que puedes comer. Eso sucede cuando llegas a casa y te vuelves a duchar», dice Fernando. Lo más gratificante para los tres es «que las familias nos dan las gracias de corazón porque les hemos hecho un gran favor».