Carmena

Los hosteleros se alzan contra el cierre del tráfico

Lhardy, Botín, Casa Lucio y La Posada de la Villa temen que algún local del distrito Centro se vaya a la ruina

MADRIDActualizado:

No los hemos juntado adrede, pero todos han reaccionado de la misma manera: cerrar al tráfico todo el distrito Centro, como pretende hacer la alcaldesa de Madrid antes de agotar su mandato, «es nefasto», «hace mucho daño» y, además, se acomete sin consultar a los afectados, como si fueran lentejas. Y de esto, de guisos y viandas, saben mucho en los cuatro establecimientos hosteleros en los que ayer estuvo ABC. En Lhardy, Botín, Casa Lucio y La Posada de la Villa, un auténtico póker de ases del casticismo madrileño, se rebelan contra una posible «ciudad cercada».

El proyecto de Manuela Carmena, como ya ha informado este periódico, es restringir el tráfico en todo el distrito Centro excepto para residentes, carga y descarga y transporte público. Tres de los seis barrios de este distrito cuentan ya con Áreas de Prioridad Residencial (APR), total o parcial.

Ahora Madrid, que capitanea el gobierno municipal, quiere extender ese cierre a los barrios de Universidad y Justicia más lo que queda de los de Palacio (oeste y sur) y Sol (zona este). Según el plan Carmena, lo próximo sería implantar las restricciones en La Latina (Palacio) que es la única zona de la parte sur del distrito que queda hoy fuera de la circulación limitada. A continuación, se cerraría Malasaña (Universidad). Al concejal del distrito Centro, Jorge García Castaño, le gustaría que los seis barrios de Centro «tuvieran APR». Él así lo ha confesado.

Multas y recaudación

Lo cierto es que desde que se crearon en 2004, las APR han sido un filón para recaudar dinero con destino a las arcas municipales. Solo un dato: hasta el 31 de agosto estas áreas han generado 171.551 denuncias, lo que supone una recaudación de 15,4 millones de euros. Las APR suponen el 12,6% de las sanciones de tráfico emitidas. O lo que es lo mismo, 133,2 millones de euros.

El alcalde Alberto Ruiz Gallardón fue el creador de las APR. La primera fue la del barrio de Las Cortes. En 2005 llegó al de Las Letras donde, por cierto, se encuentra una de las cámaras que más multas pone en toda la ciudad: Prado, 28. Ana Botella dejó casi rematada la APR de Ópera, en fase de prueba desde el pasado mes de agosto.

Los cuatro templos de la gastronomía madrileña consultados ayer ponen el grito en el cielo. Daniel Marugán Novo, séptima generación de Lhardy, no entiende que Manuela Carmena ponga en peligro el futuro de locales que son patrimonio histórico y cultural de la ciudad. «Quieren apostar por el peatón y la bicicleta. Perfecto. Yo entendería el cierre del tráfico si no tuviéramos el parque del Retiro. O, si me apuran, la Casa de Campo y el parque del Oeste». Reconoce que «desde que, a finales de septiembre, se cortó el tráfico los domingos entre Atocha y Cibeles, hemos notado anulación de reservas para la comida. La gente da muchas vueltas y se queda atrapada en verdaderas ratoneras por las calles colindantes al tramo del paseo del Prado que se corta». «Como es lógico –añade Marugán–, lo importante es la clientela, que vengan a nuestra casa, pero nos hacen mucho daño porque, además, somos historia pura de la ciudad. Si estuviéramos en París, Londres o Nueva York se nos mimaría más».

ALucio Blázquez nos lo encontramos, como cada día desde hace 70 años, al pie del cañón en su local de la Cava Baja. Casa Lucio no necesita de presentaciones, pero su dueño, a pesar de su experiencia, está triste y contrariado. Ayer, como siempre, lleno hasta la bandera. «¡Cómo puede ser este tratamiento con la de premios, galardones y reconocimientos de todo el mundo que tengo!», exclama el restaurador. «Muchos me han preguntado por qué no me he movido de aquí. Y yo he respondido que porque este es mi sitio, lo más castizo de Madrid. Somos como un bien de interés cultural. Lo que tienen que hacer es poner este barrio más limpio y más bonito. ¡Un respeto, por favor! ¿Arruinarme? A mí no creo que me pase, pero otros sí podrían caer».

Olor a leña y a cocido

Botín, en Cuchilleros, pasa por el restaurante más antiguo del mundo. A su actual propietario, José González, le encantan las ciudades pensadas para el peatón «pero no a cualquier precio», asegura. «Hay que buscar el equilibrio. Y si hay que restringir el tráfico, algo que a mí particularmente no me parece mal, que sea con un plan debatido y consensuado. Me encantaría que me consultaran».

«Es nefasto». Así califica Antonio Pino el cierre del tráfico. Lleva décadas como encargado de La Posada de la Villa, también en la Cava Baja. Aquí usan un horno de asar de 1642. Con eso está todo dicho. Pino ensalza a la familia propietaria del local, la del torero antiguo Félix Colomo. Sesenta y cinco años de tradición gastronómica madrileña y dueños, también, de Las Cuevas de Luis Candelas. «No somos solo un restaurante. Somos historia. Mucha gente viene a vernos por eso. Se ataca a un negocio de raíces madrileñas... El olor a leña, a fogones, a sopa de cocido no tiene precio. Tiene que imperar el sentido común. Que nos consulten, por favor. ¿Y los empleados?. Si se corta el tráfico, cómo van y vienen a sus casas a las horas que salen de trabajar», reflexiona Pino.