Ángel Antonio Herrera - Cartas a la alcaldesa

Gran Vía

La peatonalización de la Gran Vía es un afán muy suyo, alcaldesa, pero esto no es una peatonalización, sino un parcheo que privilegia la acera, y que va a costarnos cinco millones de euros, incluyendo abetos o floristería de contienda

Ángel Antonio Herrera
MADRIDActualizado:

Ya ha cundido que en la Gran Vía la Navidad va a durar varios años. Quiero decir, señora alcadesa, que usted promete traernos, con los Reyes, el regalo de unas aceras más amplias, y esas aceras ya se quedarán en el 2018, para lograr ahí un trayecto de doble vía, y atajar la polución, que es un asco. Uno, de arranque, lo que ve en esto es que sobra la Gran Vía, o sobra el proyecto. O le damos la calle entera al peatón, o quizá la calle está potable, tal cual. Esta propuesta de doble carril, uno para residentes y reparto, y el otro para autobuses y bicicletas, dará mayor rellano al paseante, sí, pero qué arreglamos, salvo poner algún banco más y dar ensanche al cuplé de las terrazas.

La peatonalización de la Gran Vía es un afán muy suyo, alcaldesa, pero esto no es una peatonalización, sino un parcheo que privilegia la acera, y que va a costarnos cinco millones de euros, incluyendo abetos o floristería de contienda. Con este cierre sin cierre de la Gran Vía, que se anuncia, quizá pille cabreo el peatón, que mejora a medias, y ya ni le cuento el cabreo que pueden pillar los del taxi, titular y usuario, que lo van a aprender todo de la poesía del atasco, por el achique de espacio.Veremos si al cabo se gana en majestad estética, que es lo que tiene desde siempre la Gran Vía, por su babel de arquitectura.

Un día fue la la calle de los cines, con su cartelería pintada a brazo, y hoy es un zoco de última generación, con todas las tribus del mundo comprando calzoncillos. Se puede hacer cualquier tipo de vida sin salir de la Gran Vía. Lo que no sospechábamos es que incluso se podía lograr una dificultad para todos los tráficos, en general, probando a redistribuir el espacio.

Ya en la pasada Navidad probó usted, alcaldesa, esta cosa, y la Gran Vía tuvo momentos fantasmales de resaca de los San Fermines, entre el cancán de vallas y el picnic del despiste. Fue la inauguración experimental del titubeo. Ojalá que ese pasado no sea el lío de futuro que nos espera.

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