Uno de los fortines de hormigón, también conocidos como «de ojo de cerradura» por su forma, en Navalcarbón
Uno de los fortines de hormigón, también conocidos como «de ojo de cerradura» por su forma, en Navalcarbón - ISABEL PERMUY

Los fortines recuperados de la Batalla de la Niebla

La Comunidad de Madrid pone en marcha un plan para rescatar la arquitectura de la Guerra Civil

MADRIDActualizado:

En diciembre de 1936 se produjo en las proximidades de Las Rozas una ofensiva del ejército nacional para cortar la carretera de la Coruña. La espesa niebla impidió la operación. Unos meses después, en julio de 1937, se producía la terrible batalla de Brunete, que todos perdieron. A partir de entonces, el frente de guerra no se mueve, y los dos bandos se fortifican. En la zona republicana empezaron a construirse decenas de fortines, de los que unos 80 aún subsisten. Un equipo de arqueólogos e historiadores ha recuperado nueve de ellos en la Dehesa de Navalcarbón. Son excelentes ejemplos de arquitectura de guerra que ahora se incluyen en el Plan regional de Fortificaciones de la Guerra Civil.

David Urquiaga, arqueólogo, y Javier Calvo, historiador especialista en la contienda española, han desarrollado esta intervención, patrocinada por la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid en colaboración con el Ayuntamiento de Las Rozas. Un cómodo paseo por la Dehesa de Navalcarbón permite contemplar varias de estas construcciones defensivas, de diferentes materiales y estilos, además de los restos del puesto de mando y el observatorio. Comunicando ambas pueden aún adivinarse las trazas de las trincheras, así como una posible zanja antitanques que atraviesa el antiguo encinar.

Enfermería

Desde el 2 de octubre pasado se ha trabajado sobre un total de once estructuras: nueve fortines, lo que pudo ser la enfermería y un espacio aún sin identificar. Prácticamente todos ellos estaban semicubiertos por escombros, tierra y residuos, y al limpiarlos se han podido localizar muchos elementos de uso diario de los soldados.Se han encontrado, por ejemplo, diversos tipos de munición: más de 200 proyectiles de diversos modelos y calibres, envuelto en hojas de periódico de la época; espoletas, granadas de mortero o proyectiles artilleros.

Y junto a ello, también se han hallado objetos de la vida cotidiana de la tropa: peines de la marca Victory -«probablemente, del kit que proporcionaba el Ejército», explica Urquiaga-, un tubo de pasta dentífrica, tinteros, una botella de vino, latas de alimentos, un plato de aluminio, una navaja, material médico o los restos de una camilla.

El «grafitti»

Hasta un improvisado «grafitti» que sin duda realizó algún soldado sobre el cemento aún fresco del techo de uno de los fortines de hormigón. Los expertos aún están descifrando parte del mensaje, en el que puede leerse: «1938. Vivan los hobreros. Luisito ...». «El frente estaba a un kilómetro escaso», explica Urquiaga. En la guerra de trincheras que se desarrolló en la zona durante cerca de dos años, el ejército republicano optó por fortificarse. Lo hizo con las típicas construcciones de hormigón denominadas «ojo de cerradura» por su forma. Y con otras realizadas con mampostería y cuyos techos, apoyados sobre un enrejado de vigas de tren, sucumbió tras la contienda: entonces, el valor del hierro era mucho y los chatarreros no dudaron en romper los techos para recuperar esos raíles.

Diferentes frascos encontrados en lo que pudo ser la enfermería. Para medicinas, colonia y de vino
Diferentes frascos encontrados en lo que pudo ser la enfermería. Para medicinas, colonia y de vino-ISABEL PERMUY

Fortines y búnkeres abundan en la región: son ejemplos de arquitectura de guerra que la consejería de Cultura, que dirige Jaime de los Santos, quiere recuperar para incorporarlos a la oferta cultural e incluso turística. La directora general de Patrimonio Cultural, Paloma Sobrini, explica que estas construcciones de Navalcarbón, como las que existen en otros puntos como Brunete, Arganda o el Frente del Agua en Lozoya, forman parte del Plan de Fortificaciones que su departamento impulsa con el fin último de, una vez recuperadas, musealizarlas. Un objetivo con fecha: finales de 2018.

Protegidas

«Son piezas que están protegidas, desde 2013, por la Ley de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, elementos que nos ayudan a entender mejor lo que ocurrió», insiste Sobrini. Que además hace hincapié en el interés que este tipo de arquitectura de guerra despierta en otros países de Europa o en Estados Unidos: «Sólo hay que recordar la batalla de Gettysburg, en la guerra civil estadounidense».

La labor de Urquiaga y Javier Calvo permite visualizar sobre el terreno la distribución de los fortines, visitar su interior y apreciar el trazado en zig-zag de las trincheras, especialmente diseñadas para que el impacto de una explosión causara los menores daños posibles.

El conjunto cuenta también con un observatorio, con una tronera corrida donde se instalarían los telémetros y prismáticos. Y junto al que se encontraba el puesto de mando, construido con sillares de piedra caliza probablemente traídas de otras construcciones y reutilizadas.

En esta primera fase, se han excavado y documentado estos fortines. «Falta por hacer la planimetría, y habrá un trabajo de fotografía de todo el conjunto con drones», explica Urquiaga. A continuación, se instalarán pasarelas, accesos y cartelería.

Los Tedax

Durante estos dos meses de recuperación de las construcciones, el equipo de arqueólogos se han encontrado con más de una sorpresa. Algunas, agradables, como los pequeños depósitos en el suelo, a la entrada de los fortines de hormigón: «No sabíamos que existían; pensamos que pueden ser para guardar la munición». También tuvieron que utilizar un detector de metales antes de empezar, «y luego hemos tenido que llamar a los Tedax en varias ocasiones, por la aparición de bombas de mortero».

Su trabajo ha permitido comprobar que los muros y cubiertas de los fortines tienen un metro de anchura, para resistir los impactos de la aviación. En uno de ellos, se aprecian impactos de metralla en parte del techo y el suelo: «Es posible que al final de la guerra, se hicieran explotar algunas bombas en su interior», apunta el arqueólogo.

El conjunto de fortificaciones de Navalcarbón se une a una larga lista. De diferentes formas y materiales -«en Brunete, las del ejército de Franco son cruciformes»-, y tamaños -«hay uno en Colmenar de Arroyo donde se puede meter una tropa entera»-. Pronto, esta también será visitable, como ya lo es el del Frente del Agua: «Franco pensó en cortar el agua en Madrid para que se rindieran, y el ejército republicano quiso evitar ese peligro. Por eso hay un frente de fortificaciones de ambos bandos», ilustra Paloma Sobrini. La zona es ahora visitada por colegios y por todo aquel que se interese por el tema.