Un hombre ofrece dinero a una prostituta en la calle de Montera
Un hombre ofrece dinero a una prostituta en la calle de Montera - DE SAN BERNARDO

La explotación sexual en Montera: prostitutas sin condón y con DIU

Las redes rumanas son las preponderantes en esa calle del centro de la capital

MADRIDActualizado:

Las mafias de la prostitución son de los grupos criminales, probablemente, las que menos escrúpulos tienen. Como muestra, las investigaciones realizadas por la Ucrif de la Policía Nacional, especializada en la lucha contra la trata de seres humanos. Por ejemplo, en la calle de la Montera, en pleno centro de Madrid, los proxenetas rumanos llegan a límites inhumanos: obligan a las a acostarse sin usar preservativo (en el caso de que los clientes así lo quieran y suben el precio del servicio) y a llevar un DIU puesto, para evitar embarazos. No querían a ni una mujer encinta, porque sabían que así no les daba dinero.

Tras diversos golpes policiales en esa zona del centro, los agentes se han percatado de que, desde hace tiempo, una nueva mafia rumana estaba operando. Rescataron a seis mujeres, que llegaban a España engañadas, con falsas promesas de trabajo en el sector de la hostelería.

Ya en nuestro país, los encartados también imponían a las chicas cómo vestirse, arreglándose con ropa provocativa y con el pelo teñido, para llamar la atención de los clientes. Fijaban las tarifas y la duración de los servicios sexuales, que debían de ser de un máximo de 15 minutos. Si se excedían de este tiempo, eran multadas. Además, las hacían «trabajar» once horas seguidas, sin descansos, desde las cuatro de la tarde hasta las tres de la madrugada, informa fuentes del caso.

Los agentes corroboraron que dos de las víctimas fueron agredidas sexualmente por parte del cabecilla de la banda, que las tenía atemorizadas. No se las permitía, ni siquiera, hablar entre ellas, eran controladas y amedrentadas por los «chulos». Además, las tenían «secuestradas» en un piso de las inmediaciones, durmiendo en colchones tirados en el suelo; una de las prostitutas era la cancerbera de la organización, que apenas se sepabara unos metros de las muchachas. No les quitaba ojo y así comprobaba que no incumplieran las normas impuestas por la mafia. Por ejemplo: si eran identificadas por la Policía, les tenían que decir que estaban allí voluntariamente. Y ni una palabra de dónde vivían.

Cuando empezaran y terminaran cada servicio, debían informar a los cabecillas mediante una llamada al móvil, indicándoles, asimismo, el dinero obtenido. Para asegurarse de que las chicas no les «timaban», los proxenetas llegaban a cachearlas e incluso las obligaban a descalzarse.

Blanqueo de capitales

El operativo policial se desarrolló en Madrid, donde se detuvo a cinco de los cuatro acusados; el otro cayó en Rumanía. En el registro practicado en la capital de España, los agentes se incautaron de diversa documentación incriminatoria, varios teléfonos móviles y 5.470 euros en efectivo.

La organización iba un paso más allá que lo habitual en este tipo de mafias. Contaban con un entramado de blanqueo de capitales en Rumanía, hasta donde enviaban el dinero a través de empresas de mensajería. Allí compraban propiedades inmobiliarias a costa del sufrimiento de las esclavas.