Doctrina ParotEl «violador del ascensor» perfeccionó sus agresiones tras su paso por prisión

La Policía no descarta que pueda haber más víctimas además de las cuatro conocidas

MADRIDActualizado:

Cuatro víctimas en apenas cinco meses. Ese era el balance que manejaban los agentes cuando la alarma de un posible violador en serie, en el entorno del hospital madrileño de La Paz, saltó a la escena pública el pasado mes de abril. Para entonces, el patrón delictivo ya estaba dibujado: un depredador sexual seriado, meticuloso en las agresiones y sin ningún tipo de empatía hacia sus víctimas. Tras las primeras denuncias, la hipótesis de que el «violador de La Paz» fuera en realidad Pedro Luis Gallego Fernández, de 59 años, más conocido como el «violador del ascensor», solo era una carta más de la extensa baraja de sospechosos investigados.

Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo, las líneas se acotaron. «El objetivo primordial era evitar una quinta víctima», explicó el jefe superior de Policía de Madrid, el comisario Alfonso José Fernández, quien acompañado de dos responsables de la Unidad de Familia y Atención a la Mujer (UFAM), compareció ayer ante los medios para informar acerca de la detención. En la mañana del miércoles, Gallego Fernández fue arrestado en Segovia, a la salida del piso de su actual pareja. No opuso ninguna resistencia ni tampoco articuló palabra alguna con los agentes. Mientras tanto, su novia presenció la escena atónita. «No tenía constancia de sus recientes actividades delictivas», confirmaron a ABC fuentes policiales.

«El violador del ascensor», en libertad desde hacía tres años y medio, después de que la derogación de la doctrina Parot anticipara una excarcelación prevista para 2022, había perfeccionado sus ataques hasta límites insospechados. Raptaba y devolvía a sus víctimas en la misma zona, en la calle del Arzobispo Morcillo, cercana al hospital de La Paz y sin apenas tránsito al caer la noche. «Conocía muy bien el lugar», revelaron los mandos. Allí, esperaba hasta elegir su objetivo: chicas jóvenes, alrededor de la veintena, a las que amordazaba y tapaba los ojos antes de trasladarlas hasta su piso de Segovia, a más de una hora de camino. Aunque por ahora son cuatro las denuncias presentadas, la Policía no descarta que sea mayor el número de mujeres agredidas.

Catalogado como un «monstruo delincuencial» por el propio jefe superior de Policía, Gallego Fernández sabía de sobra «como trabaja la Policía», hecho que dificultó, más si cabe, la ardua labor de identificación. Sin actividad laboral conocida, vivía del dinero que le enviaba su madre y residía a caballo entre el piso de su novia y el suyo, ubicado a las afueras de Segovia. El mismo día de su detención, efectivos policiales registraron durante horas ambas viviendas en busca de cualquier prueba contundente. Una de ellas, la pistola con la que encañonaba a las mujeres para obligarlas a subir a su coche, no apareció. Aunque no se descarta que pueda ser hallada.

Sin vigilancia

El hecho de que en 2013 el «violador del ascensor» quedara en libertad sin posibilidad de aplicar orden alguna de vigilancia y control, según la ley, resultó otro de los grandes quebraderos de cabeza para los investigadores. «Nosotros tenemos millones de datos y archivos, pero en este caso es una persona que había sido puesta en libertad y sobre la que no cabía aplicar ninguna medida extraordinaria», explicó el comisario, quien cuestionado por la situación advirtió que como policía solo puede contestar que los agentes no son legisladores, sino que se dedican a cumplir la ley.

Dada la complejidad del caso, ninguno de los tres mandos presentes en la rueda de prensa quisieron entrar en detalles acerca de las pesquisas efectuadas hasta llegar al detenido. Pidieron, además, que no se difunda ninguna foto actual, para evitar así la nulidad de las ruedas de reconocimiento que se desarrollarán en los próximos días. «Esta prueba es fundamental para presentar una investigación que permita una condena efectiva y ejemplarizante. Por ello, conviene tener mucho cuidado con las filtraciones», recordó el jefe superior.

Acusado de dos delitos continuados de violación, tres delitos de robo con violencia e intimidación, dos delitos de detención ilegal y dos delitos de lesiones, todos ellos consumados, e investigado por otros dos delitos de detención ilegal en grado de tentativa con la finalidad de atentar contra la libertad sexual de las víctimas, Gallego Fernández fue enviado ayer a prisión provisional, comunicada y sin fianza.

Así lo decretó el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 5 de Segovia -en funciones de guardia-, tras tomarle declaración. El juzgado castellanoleonés se inhibirá al Juzgado de Instrucción 33 de Madrid, al corriente de las actuaciones declaradas secretas y donde previsiblemente comparecerá a lo largo de la próxima semana.

Riesgo de reincidir

Condenado a 273 años de cárcel por cometer 18 violaciones y dos asesinatos entre 1976 y 1992, el «violador del ascensor» solo cumplió 21 entre rejas. Ante el alto riesgo de reincidencia, el Tribunal Supremo fijó en 2006 una interpretación de la ley para evitar que delincuentes condenados a miles de años salieran de prisión sin cumplir al menos el tope fijado de 30 años.

Sin embargo, la derogación de dicha interpretación -bautizada como doctrina Parot-, en octubre de 2013 por el Tribunal de Estrasburgo cambió la suerte de más de medio centenar de criminales. Etarras en su gran mayoría, pero también violadores y asesinos, como Fernández Gallego, el hombre que hoy, más de tres años después, vuelve a dormir en prisión.