Juicio

El descuartizador de Majadahonda a su novia: «No puedo verte, estoy acabando un trabajito»

Esa semana fue la del crimen de la inquilina que le imputan. Su pareja le apoya y espera formar una familia con él

«Le dejé mi teléfono cuando fui a buscar a Adriana. Recibí una llamada desde su móvil: solo oí respirar», dijo una amiga

MadridActualizado:

«Soy consciente de lo que es y a dónde puede llevar la esquizofrenia paranoide que padece –Bruno Hernández–: a eliminar a una persona». Así lo explicó ayer Bárbara G. Y., pareja del acusado de asesinar a su tía y a su inquilina, dedestruir los cuerpos en una trituradora y de deshacerse de los restos. Lo hizo entre sollozos.

La mujer, que testificó protegida por un biombo, aseguró, a preguntas del Ministerio Público, que entre el 1 y el 5 de abril (cuando Adriana Gioiosa desapareció) apenas vio al imputado, cuando lo hacían a diario. «Me dijo que estaba realizando un trabajito y que tenía que terminarlo, pero no me dijo cuál». «Yo sabía por su Whatsapp que no estaba bien, que pasaba algo», relató la mujer, de nacionalidad polaca.

«Sí, le pregunté si estaba haciendo algo ilegal y surgió el tema de la Policía. Y es que cada vez que le decía que estaba mal él se asustaba por si le llevaban al psiquiátrico», contestó ante la insistencia de la fiscal. Al final se vieron el 5 de abril en su casa de Móstoles «la noche que me quede embarazada. Me dijo que estaba cansado».

En un psiquiátrico se conocieron cuando ambos estaban internados, «en mayo de 2013 o de 2014», aunque su relación comenzó a finales de ese año. Ella sufre un trastorno de personalidad y otro obsesivo compulsivo. La hija que tienen en común nació el 2 de enero de 2016. «No le han dejado reconocerla porque no está bien de la cabeza, pero él la considera suya. Nunca se encuentra bien, le daban de alta cuando dejaba de hablar de su amo y de la "hermandad ER"», recalcó Bárbara, a la que llama Verónica por su obsesión por las letras «e» y «r». A día de hoy, siguen juntos y quiere formar una familia con él cuando recobre la libertad.

«El casero estaba a la defensiva. No le creí»

Uno los testimonios más reveladores fue el de Cristina J. B., con la que contactó el hermano de Adriana por Facebook. «Me dijo que fuera a su casa; estaba desesperado, no la localizaba y estaba a punto de viajar a España». Fue el 3 de abril sobre las 10.45. «Llamé insistentemente y no abrían. Lo hizo el vecino. La había visto recién llegada de Argentina. Me tranquilicé. Hice una nota para que se la diera a su casero, me llamara y supiera que su familia la buscaba». Entonces salió Bruno. «Dijo que estaba durmiendo, pero se acababa de duchar. Y que ella estaría de vacaciones. No le creí. Estaba a la defensiva», recalcó. Después, comenzó a recibir mensajes desde el teléfono de Adriana. «Me voy a Francia, he conocido a un hombre maravilloso. Luego, recibí una llamada: solo oí una respiración».

El día 6 a las 7.30 horas, Bruno preguntó a Gema F., empleada de la estación del AVE Madrid-Atocha «cómo podía recuperar las imágenes de las cámaras. Llevaba una trolley». Y es que el Ministerio Fiscal le acusa de haber viajado a Barcelona con el móvil de la víctima para dejar pistas falsas.