Mariano Rajoy, junto a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes
Mariano Rajoy, junto a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes - EFE

Desconcierto en Génova: Cifuentes se va sin dejar el acta y Rajoy planea una gestora

La exdirigente pretende mantener el escaño en la Asamblea y la Presidencia del PP de Madrid, mientras que la dirección nacional advierte de que la salida más razonable es «intervenir» el partido regional si insiste en seguir al frente

MADRIDActualizado:

La ya exjefa del Ejecutivo madrileño, Cristina Cifuentes, eligió una ambigua fórmula para anunciar su dimisión: «Renuncio a ser presidenta de la Comunidad de Madrid». Tras 35 días de «linchamiento mañana, tarde y noche, por tierra, mar y aire», provocados primero por el «mastergate» y ayer mismo por el vídeo del hurto de cosméticos en un supermercado madrileño, la política daba un paso atrás. Pero sólo a medias: se mantiene como presidenta del partido en Madrid, tal y como hizo saber a los diputados de su grupo apenas una hora después de presentar su dimisión como presidenta del Gobierno. En Génova miran con reticencia este movimiento, y avisan: se dará «un tiempo» para decidir el futuro del PP de Madrid, pero todo apunta a la puesta en marcha de una gestora hasta que un nuevo congreso elija líder regional.

La dimisión de Cifuentes era cuestión de tiempo. Ella misma aseguró ayer que había anunciado ya a sus colaboradores más cercanos que se iría tras la celebración del 2 de Mayo, antes de que la moción de censura planteada por el PSOE arrasara con su Gobierno. Lo haría, dijo, precisamente por eso, por convencimiento de que «el mal mayor sería la izquierda radical gobernando en Madrid».

La puntilla

Pero alguien no quiso esperar una semana, y decidió dar la puntilla a Cifuentes: un vídeo en el que un guardia de seguridad de un supermercado registra su bolso, tras el presunto hurto de dos envases de crema de belleza. La noticia precipitó las decisiones; María Dolores de Cospedal se presentó en la Puerta del Sol para participar en el gabinete de crisis de Cifuentes y resolver el asunto asunto -dimisión incluida- antes de que se iniciara el debate de presupuestos.

Así fue: al filo del mediodía, la expresidenta se presentaba ante la prensa asegurando haber sido objeto de una «campaña de acoso y derribo» que ha «traspasado todas las líneas rojas» y se ha llegado «más allá de la política» hasta caer en lo personal.

Afirma haber sido «espiada» y ser objeto de «dosieres que circulan por las redacciones», y también que por este mismo vídeo del hurto había sido «extorsionada», por lo que lo puso en conocimiento de la Policía Nacional, explicó ayer.

Cabeza alta

Sobre el hecho en sí, Cifuentes aseguró que se debía a un «error involuntario»; «me llevé por error y de forma involuntaria, sin ser consciente de ello, unas cremas», pero luego las pagó. Lamentó que se haya puesto en tela de juicio toda su vida, y lo relacionó con su actividad política al frente de la Comunidad: «Tener una actitud de tolerancia contra la corrupción tiene un precio, probablemente este es el precio que hay que pagar».

Aunque más seria que de costumbre, Cifuentes no perdió en ningún momento la entereza, ni siquiera cuando mencionó a su padre, ya fallecido, que «estaría orgulloso de mí: me voy con la cabeza muy alta», y con el objeto de evitar que llegue a la región «un Gobierno de izquierda, que no solo subiría los impuestos sino que llevaría a cabo una gestión negativa para los madrileños».

La declaración completa, sin preguntas, duró 10 minutos. Apenas una hora después, los diputados del PP en la Asamblea de Madrid recibían un largo mensaje de WhatsApp en el que la ex presidenta les aclaraba que tenía intención de seguir al frente del PP de Madrid y seguir contando con su apoyo.

Dar «un tiempo»

Pero esta decisión no es del agrado de la dirección nacional del partido. De hecho, los mensajes -públicos y privados- en este sentido se sucedieron ayer. Mariano Rajoy no dudaba en afirmar públicamente que tras la dimisión de Cifuentes «el PP madrileño abre una nueva etapa». Traducía la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa: las palabras de Rajoy significan «que habrá un nuevo equipo, habrá un nuevo presidente, o presidenta, y por tanto iniciaremos nuestro trabajo».

Abundando en la misma idea, el coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, apuntaba que el partido se tomaría «un tiempo de tranquilidad» para decidir el futuro en Madrid. En privado, la dirección nacional del partido ya hablaba de formar una gestora que lleve las riendas del PP de Madrid (PP-M).

«Es muy probable, pero no seguro», insisten en Génova, donde recuerdan que esta opción ya funcionó bien para la transición de Esperanza Aguirre, en 2016. Este órgano interino será obligado si es que Cifuentes se atrinchera en el cargo, para apartarla, extremo que no creen necesario en la dirección. «Jamás lo haría, ella es leal al partido», insistían fuentes del entorno de Cospedal, que ayer se puso al frente de la gestión de la crisis. La otra opción es un relevo pacífico en una junta directiva regional.

Muchos diputados apostaban por esa misma línea: una gestora al frente del PP de Madrid «y dentro de un año, otro congreso, pero esta vez democrático de verdad». Proponían una auténtica renovación donde entre «gente de menos de 40 años». Y rechazaban la posibilidad de que Cifuentes se mantenga en el puesto de presidenta del partido: «No es sostenible; ¿qué fuerza va a tener?».

Carta al presidente

Otros sectores del PP madrileño -entre ellos la combativa Eva Durán, presidenta del PP de Vallecas- son más partidarios de ir directamente a un congreso regional extraordinario, «donde se tuviera la oportunidad de que se presente quien quiera, no como la última vez». Así se lo ha pedido en una carta dirigida a Mariano Rajoy que ayer mismo registraba en la sede madrileña del partido, en la calle Génova.

Este jueves había pleno en la Asamblea madrileña. Cifuentes, que no ha dejado su escaño, debería acudir aunque ya no se sentara en la bancada azul. Fuentes de Génova aseguran a ABC que no han pedido en ningún momento el acta de diputada de Cifuentes. Albert Rivera, cuyo partido es socio de investidura del PP en Madrid, reconoció ayer que solo si es imputada por el caso del máster exigirá su renuncia al escaño. La incongruencia de celebrar un control de gobierno a una presidenta dimitida el día antes llevó a PP y Cs a suspender el pleno, aunque PSOE y Podemos no estuvieron de acuerdo.

El hasta ahora consejero de Presidencia, Ángel Garrido, se ha convertido ya oficialmente en presidente en funciones, cargo que ocupará hasta que se celebre el pleno de investidura de la persona que la presidenta de la Cámara, Paloma Adrados, proponga como candidato.

Ignacio Aguado, portavoz de este partido en la Asamblea madrileña, insistía ayer en proponer «cuanto antes» un candidato alternativo a Cifuentes, para acabar con la fase de interinidad lo antes posible. Ahora «se abre un plazo de negociación con el PP» con el objetivo de «tener un presidente limpio».

Gabilondo se ofrece

Desde las filas socialistas, Ángel Gabilondo -que impulsó la moción de censura contra Cifuentes, que ahora, al dimitir ella, ha decaído-, se ofreció ayer a ser candidato: «Yo estoy dispuesto; si el grupo socialista está dispuesto, encantado».

En caso de que ocurriera, proponía «buscar con los demás una alternativa razonable para un Madrid sereno que afronta los problemas y no se queda en interinidad, esperando a ver cómo dentro de diez meses merecemos la confianza».

Pero tal posibilidad fue descartada de inmediato por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera: no hay «ninguna opción» de que su partido apoye una investidura de Gabilondo para Madrid. Cree que el PP es «un partido en descomposición», pese a lo cual no apoyará al portavoz socialista porque Cs quiere en Madrid «un cambio en las urnas, y no en los despachos».

En Podemos, por su parte, siguiendo el antiguo axioma de «a rey muerto, rey puesto», su portavoz en la Asamblea Lorena Ruiz-Huerta señaló que Cifuentes había dimitido «como consecuencia del ajuste de cuentas de una organización mafiosa». Y a continuación, comenzaron los ataques hacia su sustituto como presidente en funciones: Ángel Garrido. «El rodillo de la mafia continúa», señalaba en Twitter Ahora Madrid, la marca municipal de Podemos en el Ayuntamiento de Madrid.