Pasaje de Mount Olympus - ABC / Vídeo: Así ha sido «Monte Olimpo»

Crónica de la orgía «brutal y salvaje» en los Teatros del Canal: «Ha sido espeluznante»

La obra de Jan Fabre, que ha durado 24 horas, ha recibido 800 espectadores, con opiniones dispares sobre el espectáculo

MadridActualizado:

Tras 24 horas de espectáculo en que 27 artistas bailaron, sufrieron y durmieron, cuestionando casi todas las reglas narrativas del arte del teatro, la expectación en Madrid era máxima. La obra «Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy», en la que el director Jan Fabre intenta reconstruir la cara más oscura de la tragedia griega en una abrumadora puesta en escena, desató la polémica por las continuas escenas sangrientas, bacanales de sexo explícito y violencia implícita a través de los eternos monólogos en los que sus protagonistas hablan, por ejemplo, de sacar los ojos y asesinar a sus hijos, todo ello entremezclado con coreografías obscenas.

Desde las siete de la tarde del viernes hasta las del sábado, los Teatros del Canal de Madrid acogieron a cerca de 800 espectadores que presenciaron un espectáculo en el que destacó «la libertad de expresión a través del cuerpo y el sexo», explicó uno de los asistentes. «Vivimos en un mundo en el que prima la moralidad rancia, y el sexo es algo magnífico que no hay por qué ocultar», afirmó.

Sin embargo, este maratón de masturbaciones, erecciones y otras prácticas sexuales, no ha logrado las expectativas esperadas: «No entiendo tanta idolatría entre el público, no es para tanto. Es bastante mediocre en muchos aspectos», aseguró Alberto Ibarra, de 31 años, a la salida.

La mayoría de los espectadores coincidió en que el autor recurre constantemente a repeticiones interminables que rozan el aburrimiento. «Era como un reto el querer llegar a las 24 horas y forzaban un poco», confesó uno de los pocos que logró permanecer dentro del teatro el día entero.

Como en casa

El teatro habilitó para esta insólita representación una zona de descanso, así como la cafetería abierta las 24 horas. «Hay gente que lo ha vivido como un festival e incluso personas que no han salido del bar», afirmó Rocío Bello, de 38 años. «Ha sido como un espectáculo de Madonna, una experiencia espeluznante». Poco antes de acabar, en la sala de descanso, que no contaba con ningún tipo de ventilación, aún se podía palpar un fuerte olor a humanidad procedente de las decenas de personas que se turnaron para darse un respiro.