CURIOSIDADES DE MADRID

El crimen de la calle de los Artistas: asesinado a hachazos a manos de su mujer

El suceso, rescatado de la hemeroteca de ABC, escandalizó a Madrid por su brutalidad en el invierno de 1903

El crimen de la calle de los Artistas: asesinado a hachazos a manos de su mujer

El 17 de enero de 1903, en la madrileña calle de los Artistas, paralela a la avenida de la Reina Victoria, se produjo un brutal asesinato que copó la crónica negra de los diarios locales. El suceso, rescatado de la hemeroteca de ABC, sucedió de madrugada en una taberna, cuando una mujer, presuntamente, mató a hachazos a su marido, que era el propietario del local.

Según la noticia publicada en este periódico, fue bautizado como «El Crimen de la calle de los Artistas» y el proceso se dilató más de un año. Fue el 3 de febrero de 1904 cuando se celebró el juicio, en el que el Fiscal hablaba de «parricidio sin circunstancias» y la defensa de la supuesta autoria insistía en su inocencia. La crónica sitúa a Ramona Vicente Fernández, conocida como Ramona San Miguel, como la principal acusada de asesinar a Jacinto José Varela. El hombre fue hallado la mañana del 18 de enero del año anterior tendido sobre el suelo de su tienda, en un charco de sangre, con numerosas y profundas heridas en la cabeza y el cuerpo. Tras examinarlo, se concluyó que los profusos cortes se habían hecho con un hacha. Añade la crónica que era conocida la asiduidad de Jacinto José a beber más de la cuenta en su local.

Sea como fuere, lo cierto es que desde el principio se acusó a Ramona y después se confirmó cuando testificó el hijo de ambos, Rafael Varela, «que después de haberse marchado de su casa "a correrla", con seis duros que se llevara, y oír que habían asesinado a su padre, se presentó en la taberna». El adolescente fue interrogado y aseguró que sus padres reñían con frecuencia, por lo que se apuntaló esta tésis. Así al menos consta en el escrito de ABC sobre el juicio, se que se celebró en la Sala primera de lo criminal de la Audiencia de Madrid.

La declaración de Rafael se hizo solo unas horas después de conocer la noticia, acaso al calor del momento. Solo un año después, con la celebración del juicio, se desdijo completamente y adujo que entonces estaba borracho. Quizá la perspectiva del tiempo, su estancia en el Hospicio (donde se dice que tenía un comportamiento ejemplar) o, seguramente, el bebé que su madre acababa de tener, le hicieron cambiar su declaración.

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