Un reventa trata de captar posibles compradores en los alrededores del Bernabéu
Un reventa trata de captar posibles compradores en los alrededores del Bernabéu - MAYA BALANYÀ

La confesión de un reventa por el Real Madrid-PSG: «Las entradas son abonos que tienes que devolver»

Una quincena larga de trapicheadores callejeros esperan vigilantes en los aledaños del Santiago Bernabéu para colocar las últimas entradas

MADRIDActualizado:

El primer aviso es revelador: «¿Para el PSG? Te van a salir caras, ¡eh!». Quien habla es Toni -nombre ficticio-, uno de los reventas que todavía campan a sus anchas por los aledaños del Santiago Bernabéu. A menos de 48 horas para que el coliseo blanco reciba al todopoderoso equipo parisino, con Neymar, Cavani y Mbappé como principales reclamos, una quincena larga de trapicheadores callejeros esperan vigilantes para colocar las últimas entradas.

«Por 400 euros tienes un asiento detrás del córner», apunta Toni, que ofrece la posibilidad de adquirir hasta cuatro localidades juntas. Las butacas, en este caso, son de categoría 2 baja; pero la oferta abarca casi cualquier ubicación. «Si quieres más baratas, en el cuarto anfiteatro te las dejo a 250 euros cada una; en el tercero, a 300; y si prefieres de palco, de esas que estás en la grada y luego en el descanso subes al catering, serían a 600», detalla.

Apostados en el lateral de la Castellana, entre las taquillas del Tour del Bernabéu y la torre B, los reventas tratan de avistar posibles compradores dentro del goteo constante de turistas. También es frecuente dar con ellos en Concha Espina, pero siempre apartados de las ventanillas donde el club vende los boletos de manera legal. Para eludir la presión policial, lo normal es acordar por teléfono otro punto para la transacción o trasladarse hasta un lugar más apartado.

En la mayoría de casos, la falta de garantías es la principal incertidumbre de los clientes. «Salvo las de tercera grada que son de papel, el resto son abonos que me tienes que devolver», advierte Toni, con la lección aprendida para «tranquilidad» de todos: «Si venís dos, uno entra y el otro espera conmigo; cuando vea que está dentro, me paga y ya pasa». Para la devolución de los carnés, basta con dejarle a modo de fianza el DNI o un objeto de valor.

Los reventas saben muy bien que la confianza es clave en un negocio a todas luces ilegal. «No te vamos a timar porque estamos todo el año aquí y es muy fácil encontrarnos», incide el «marchante», que no duda en chistar a cuántas personas pasan a su altura. Son conscientes, además, de que el hecho de informar a potenciales compradores no constituye delito alguno. «Es necesario sorprenderles in fraganti», remarcan a ABC fuentes policiales.

Lo habitual es que se muevan en grupos o, al menos, de dos en dos. «Aquí nos conocemos todos y te aseguro que por debajo de los 250 euros nadie te va a vender nada», subraya Toni, mientras señala a otro de sus «compañeros». Precisamente, la poca o nula competencia entre ellos hace sospechar que detrás de este tradicional negocio estarían al frente los mismos individuos.