La presidenta regional, en una imagen de archivo
La presidenta regional, en una imagen de archivo

Cifuentes cumple dos años en el «infierno»

En febrero de 2016, tras la marcha Aguirre, se hizo cargo de un PP «tocado». Encabeza un Gobierno en minoría y trata de esquivar el fuego amigo y el ajeno

MaridActualizado:

El Día de los Enamorados de 2016, Esperanza Aguirre dimitía como responsable del PP de Madrid. A partir de entonces, se hizo cargo de la gestora que dirigía al partido en la región la presidenta regional Cristina Cifuentes, jefa del Ejecutivo desde que ganara las elecciones meses antes, en mayo de 2015. Cifuentes se ha pasado los últimos dos años esquivando cuchillos: «heredó» un partido muy tocado por los escándalos, y es la primera gobernante regional del PP en las últimas dos décadas que no disfruta de una mayoría absoluta. La consecuencia de todo ello es un Ejecutivo cortocircuitado continuamente por un Legislativo en el que PSOE, Podemos y Cs suman más diputados que el PP; un partido que en ocasiones se ha resistido a los cambios que la nueva presidenta introducía; un socio de investidura cada día más esquivo; y una sucesión de cadáveres que le van surgiendo a Cifuentes a medida que los jueces o la investigación policial van abriendo armarios.

En palabras de una fuente de su entorno, lo de Cifuentes estos años ha sido como «estar en medio de un lago, intentando salir a flote, y viendo cómo una y otra vez alguien desde abajo te tira de las piernas y te arrastra hacia el fondo». Sus allegados lamentan que todo el trabajo de regeneración realizado no se visualice, y quede oculto por el último escándalo relacionado con la corrupción que, insisten, viene de un pasado del que luchan a diario por desvincularse.

Corre la lista

Lo cierto es que el severo código éticodel PP ha sido la causa directa de que los populares haya ido desplazando nombres de su lista electoral, de los 48 primeros que salieron, hasta alcanzar ya al número 75: por el camino se han quedado muchos que han dejado el cargo por convicción personal, diferencias con la formación o empujados por algún escándalo o imputación.

Cifuentes llegó a la gestora de un partido en grave crisis y ha querido darle la vuelta como un calcetín. En su congreso de marzo de 2017, nombró nueva directiva, cargos y responsables, acabó con lo que quedaba del «aguirrismo» y se impuso tareas como la de actualizar un censo de militantes que estaba totalmente desfasado: hubo que dar de baja a 28.921 afiliados, por fallecimiento, bajas sin tramitar o simplemente por no haber sido posible localizarlos.

Cifuentes ha añadido a la lista de afiliados a 4.134 personas, con lo que la cifra actual es de 69.649. De ellos, un 58 por ciento son hombres y un 42 por ciento mujeres; hay profesores, administrativos, abogados, autónomos, bomberos, árbitros, anticuarios, pilotos de aviación, ingenieros, médicos, agricultores, toreros...

Gobernar en minoría ha sido una dura realidad a la que Cifuentes y su equipo se ha tenido que acostumbrar a la fuerza. Atrás quedan los tiempos de las mayorías absolutas, que permitían al PP aprobar o rechazar en la Asamblea las iniciativas según su criterio. Ahora, el delicado equilibrio de fuerzas –PP y Cs tienen sólo un voto más que Podemos y PSOE– obliga a ejercicios constantes de funambulismo, más complicados cada día dada la actitud de Cs, nada dispuesto a ser un socio complaciente. De hecho, el PP denuncia que la formación naranja vota mucho más veces con PSOE o con Podemos que las que lo hace con los populares.

Para colmo, Cifuentes se encontró con un problema interno, por las desavenencias entre una diputada, Elena González Moñux, y el portavoz del grupo, Enrique Ossorio; la ausencia de ella por baja médica supuso un empate técnico entre grupos que duró varios meses.

Podemos se ha convertido en el partido más duro con el PP, a quienes critican de forma inmisericorde no sólo por sus políticas –ya han conseguido que se apruebe la reprobación de dos consejeros– sino, sobre todo, por los casos de corrupción que afectan a anteriores altos cargos. Por si fuera poco, el portavoz del PSOE, Ángel Gabilondo, el único que acudió a la invitación deCifuentes a acordar un Pacto por la Regeneración, acaba de anunciarle por carta que renuncia a participar. Lo hizo apenas unas horas después de que el exsecretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, acusara a la presidenta, sin aportar pruebas, de participar en la presunta financiación irregular del PP. Y el próximo 20 de febrero, Granados volverá a declarar.