Ángel Antonio Herrera - Cartas a la alcaldesa

El Chotis

Este baile tiene algo de arquitectura de donjuán para que alrededor mueva la chulapa la cintura

Ángel Antonio Herrera
MadridActualizado:

El donjuán de chotis, bien lo sabe usted, alcaldesa, es un mozo de cualquier edad que consta de gorra, chaleco, pañuelo y la mano en el bolsillo del pantalón negro, amagando el farde. La chulapa gasta mangas de farol, volantes bajos, y mantón de manila. Se apaña un clavel en lo alto, como una chulería hembra, y de remate. Toda esta estampa de atuendo viene de las zarzuelas del pasado siglo, y así ha seguido hasta ayer mismo, repitiéndose en La Paloma, o La Almudena.

Hemos cumplido San Isidro, fiesta mayor, mientras las chulapas decían fetén, casi de perfil, como arrojando en la cháchara un clavel reventón de altanería. En San Isidro, hay guapas que llaman a estos varios días «los isidros», muy adornadamente, en la pronunciación, como por ejemplo hacía Sara Montiel, que no sabíamos si para el caso estaba poniendo alusión a varios novios o bien citaba no a un santo primero de santoral, sino a tres, que son el mismo.

La verbena funciona de aquí para allá, desde la pradera del santo a los horizontes de las Vistillas, y la verbena, así, tiene algo del vino tintorro, musical y bailable de la fiesta, igual que el chotis tiene algo de arquitectura de donjuán para que alrededor mueva la chulapa la cintura. Entre chulapo y chulapa lo que hay es un organillo, que es como decir que no hay nada, porque entre una mujer y un hombre que bailan juntos la música suele quedar lejos, o interior, como cuando suenan los boleros.

En estos días de jolgorio de San Isidro hemos visto lo de siempre, pero más. Así es Madrid, alcaldesa, que mejora el exceso. Hubo romería para echarse un trago, o varios tragos, de la fuente de la ermita de San Isidro, que dicen que alivia los pesares y apresura los deseos. Hubo picnic a la sombra benéfica del arbolado del río Manzanares, y el peatonaje llevó de condumio al sitio un cocido del foro, o una tortilla de patatas, que es también delicia frecuente y típica del calendario del momento, como los barquillos. Se van las músicas que han mandado para quien pilló sitio, las rosquillas del Santo para remachar en dulce la alegría.

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