Madrid

Centenario del nacimiento de Gloria Fuertes: El Madrid de una poeta de guardia

ABC recorre los puntos del Lavapiés natal de la autora con dos expertos en su vida y obra

La escritora Gloria Fuertes - JOSÉ LUIS ÁLVAREZ

«Yo soy una madrileña del montón, del “montón” de Manila». Gloria Fuertes (1917-1998) y Madrid están ligados a una misma historia. La de la ciudad en la que creció y forjó para siempre su eterno cargo de «poeta de guardia». La misma que, en el centenario de su nacimiento, espera dedicarle una plaza en su Lavapiés natal, entre otros homenajes que arrancaron este fin de semana con una lectura continuada de su obra. Hoy, se inaugurará la Exposición del Centenario en el Centro Cultural Fernán Gómez.

Su barrio, aún hoy, guarda los secretos de su vida y permite conocer mejor a la mujer que había detrás de la escritora. De ello se encargan, «casi por amor al arte» –confiesan–, Carlos Figueroa y Aurelio Merino. Amigos y compañeros de trabajo en una aerolínea, su pasión por la poesía les llevó a investigar la figura de Gloria Fuertes más allá de sus versos. Algunos sábados (con la colaboración de la fundación de la autora, a través de la que se pueden reservar esta ruta) la comparten ilusionados en un revelador paseo que arranca en la Puerta de Toledo.

«Gloria era tan profunda como sencilla», explican, esperanzados con que la efemérides del nacimiento ayude a conocer mejor a la poetisa. Su vida, sin embargo, fue más compleja que su obra. Nació y vivió en una buhardilla del número 3 de la calle de la Espada, muy cerca de la plaza del Progreso (Tirso de Molina), en la que correteaba de niña. Hija de una costurera y un conserje, aprendió en varios colegios, entre ellos uno religioso de la calle del Mesón de Paredes. «Me llevaron a un colegio muy triste; donde una monja larga me tiraba pellizcos, porque en las letanías me quedaba dormida», contó en sus versos.

La escritora plasmó dos mundos muy diferentes. Para los niños: la ilusión, la risa, el juego. Para los mayores: la verdad, el dolor y la nostalgia. «Manantiales de versos encendidos y cascadas de paz es lo que tengo», recuerda una placa en la fachada de su casa natal. Más tarde, en 1932, cambió la austeridad de Lavapiés por la comodidad de un palacete, en la calle de Zurbano, en el que su padre trabajó como guardés: «Allí había una gran biblioteca de la que se empapó».

«A Gloria se le conoce por sus poemas infantiles, pero su creación para adultos fue importantísima», coinciden Carlos y Aurelio. Lavapiés aún conserva las huellas de los acontecimientos que marcaron su vida. Entre otros, la Guerra Civil. «A los 9 años me pilló un carro y a los 14 me pilló la guerra; A los 15 se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía», lee en voz alta Carlos, en la plaza de Agustín Lara, junto a las ruinas de las Escuelas Pías, destruidas durante los primeros días de la contienda. «Quise ir a la guerra, para pararla; pero me detuvieron a mitad del camino», escribió en su autobiografía.

«Gloria pasó hambre», recuerda Aurelio. «Me regalaron un cordero; –Tienes para comer un mes–, me dijeron; Los ojos del cordero me dijeron otra cosa; Yo, por poco me muero de hambre; El cordero se murió de viejo», dejó escrito en «Cuando Madrid era Sarajevo». Curiosamente Gloria Fuertes acabó haciendo cierta fortuna gracias a su obra para niños y, sobre todo, a sus colaboraciones en diversos programas infantiles de TVE.

Gusto taurino

En el camino también se descubre la religiosidad íntima –«muy de barrio», definen– de la poetisa. «Cuando se trasladó a la calle de los Tres Peces, donde su padre tuvo varios trabajos, fue testigo de la destrucción de la iglesia de San Cayetano». Frente al número 7 de la calle de los Embajadores –donde luce la placa del diestro Vicente Pastor y Durán, «El Chico de la blusa»– descubren otra faceta poco conocida de la artista. «Le gustaban mucho los toros. Estaba abonada a la televisión de pago para ver las corridas», comentan, y recuerdan su famoso poema infantil «¿Cómo se dibuja un torero?».

En Cascorro, llega el turno de la metapoesía y recitan los versos de «El vendedor de papeles o el poeta sin suerte». «No se vaya, regalo poesía, llévese este cuarteto que aún no me estrené!», declaman a los pies del Héroe de la Guerra de Cuba. La plaza de Lavapiés la reservan para la versión más feminista de Fuertes. «Aquí comenzó el movimiento “Versos con faldas”. Lo fundó con Adelaida Lasantas a principios de los 50. En aquella época también fundó la revista Arquero, de la que fue directora, con Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal», explican.

Gloria Fuertes fue muy activa, muy política, pero se tiene una visión distorsionada de esa faceta. «Evidentemente, era una mujer de izquierdas, pero terriblemente crítica con ella», explican a propósito de la apropiación ideológica que muchos hacen de ella. «Gloria no ocultó nada en su vida: ni sus ideas feministas, ni las políticas ni su lesbianismo. Aunque no hiciera especialmente gala de ello», coinciden estos dos expertos.

La visita termina frente a la centenaria Taberna de Antonio Sánchez, en la calle del Mesón de Paredes. «Gloria era muy tabernaria. El mesonero que antiguamente regentaba este negocio nos contó en una ocasión que siempre se sentaba en la misma mesa y pedía una frasca de vino y unas aceitunas», explica. Allí sacaba un cuaderno y escribía versos como una «poeta de guardia».

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